Sábado 13 Junio 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 13.06.09 a las 1:22
Archivado en: Acción, Actores y actrices, Aventuras, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Cine independiente, Cine negro, Comedia, Hollywood, Personajes, Thriller, Western
En respuesta al primaveral chick flick, las carteleras apuntalan las tendencias del verano con el subgénero opuesto a Carrie Bradshaw y Jennifer Aniston: los bromances o comedias románticas para chicos aderezadas con copiosos guiños a los orígenes del invento: la buddy movie o película de amigotes. Lejos de que suene despectivo, la etiqueta se utiliza para englobar cintas dispares que poseen como denominador común un tándem protagonista compuesto por dos hombretones que no dudan en estirar su amistad hasta el límite del roce permisible, sin importar las apariencias. Y aunque sus parejas más habituales sean propicias al tropiezo, el malentendido y el avistamiento de las novias como un finiquito a la franquicia de su relación, hemos visto inolvidables colegueos en buddy movies tan diferentes como “Grupo salvaje” (Sam Peckinpah, 1969) o “Cowboy de medianoche” (John Schlesinger, 1969).

La nueva comedia americana, la misma que viene colgándose del calificativo desde hace más de un lustro, añade un peldaño más a su historial con “Te quiero, tío” (John Hamburg, 2009), esas tres palabras siempre implícitas en las miradas, los apretones de manos y los sacrificios postreros de inseparables compañeros de soltería o, como manda la ocasión, camino al altar. El imprescindible Paul Rudd y el emergente Jason Segel —quien la temporada pasada se estrenó con nota alta en “Paso de ti” (Nicholas Stoller, 2008)— suman puntos para hacerse un hueco entre los mejores camaradas del cine, precedidos por “Zoolander” (Ben Stiller, 2001), “Starsky y Hutch” (Todd Phillips, 2004), “De boda en boda” (David Dobkin, 2005) y un trío de últimos e irregulares dúos de la factoría Apatow/SNL: “Supersalidos” (Greg Mottola, 2007), “Hermanos por pelotas” (Adam Mckay, 2008) y “Superfumados” (David Gordon Green, 2008). ¿Lograrán Rudd y Segel convertirse en inolvidables catalizadores de simpatías con testosterona, al igual que estos diez dobletes? Leer más »
Sábado 14 Febrero 2009
En la última pregunta de “¿Quién quiere ser millonario?” que se le plantea a Jamal (Dev Patel) en “Slumdog millionaire” (2008), ante él se ordena el caos de las posibles respuestas y la reformulación del título del programa. ¿Jamal ha ido al espectáculo en busca de dinero, de amor o de fama? Seguramente las personas que acuden a un concurso real lo tengan mucho más claro, pero los contendientes de las películas siempre terminan enfrentándose a una prueba ardua en la que no sirven de nada la preparación física, intelectual o cultural. Los mejores concursos de la vida son aquellos con el bote más sustancioso, pero el premio más importante para Jamal consiste en averiguar su orden de prioridades vitales. Y si el dinero, el amor y la fama vienen de sopetón y de la mano, entonces discernirlo nunca fue tan difícil. De momento no existe ningún concurso en celuloide —a excepción del juego de pistas que planteó Lars von Trier en “El jefe de todo esto” (2006)— y el cine continúa encargándose de desmitificar las promesas del paraíso de otros medios, aun a costa de hacérselas pasar canutas a pobres diablos que sólo querían un poco de fama, dinero o amor.

El televisivo: “Quiz show” (Robert Redford, 1994). Un clásico juego de preguntas que ha variado de formato pero no de fondo a lo largo de la Historia televisiva. El programa “Twenty-One” consiguió despegar a muchos espectadores de las salas de cine gracias a una emoción relativamente gratuita —después del desembolso inicial y bastante cuantioso por el televisor, y el aumento de la factura de la luz-, la de encumbrar a un ciudadano corriente en celebridad efímera. Precisamente esa fama instantánea y pronto soluble es lo que molesta a Herbie (John Turturro), que no está de acuerdo en que las respuestas se amañen de antemano para que los concursantes roten a gusto del público. Él, cultivado pero poco atractivo, es sustituido por el elegante profesor universitario Charles Van Doren (Ralph Fiennes), quien demuestra que hasta las clases más altas no están libres de apetecer una gloria popular. Redford firmaba una de sus películas más ligeras y al mismo tiempo más enérgicas, gracias al ritmo efervescente de los rodajes televisivos y el suspense gradual que conlleva el desmembramiento del clasismo norteamericano de los cincuenta y el duelo moral al que se someten sus protagonistas. Leer más »
Martes 29 Abril 2008
Qué bonito: un balcón ornado de guirnaldas en medio de un jardincillo silencioso, donde el sol vespertino arranca brillos de unas ventanas ojivales, todo tan colorido a costa del technicolor que resulta imposible distinguir si es un plató real o un mal sueño. Hasta que de un lado y otro hacen su entrada el galán y la dama, y ahora sí que es tarea ardua fijarse en sus diálogos y creerse sus besuqueos… Pero, ¿en la Edad Media ya se fabricaban pelucas? Por supuesto, un accesorio usual de épocas tan pretéritas como la faraónica, pero estos dos amantes no son Marco Antonio y Cleopatra y una productora ha invertido sumas considerables en el departamento de peluquería para que parezcan unos bien parecidos nobles del medioevo. Lo de creíbles dejémoslo aparte, porque vaya tela –y pelo– que se traían los figurinistas a la hora de recrear esa aristocracia de Playmobil. Si Ricardo Corazón de León levantara la cabeza… –la de Sean Connery, faltaba más–. No voy a negarle encanto a las viejas películas medievales, en gran parte responsables de una aficción por la aventura sembrada durante generaciones y que hacían cercanos, posibles y palpables esos castillos sin rastro de musgo y humedades, poblados de tan bellos cortesanos que, claro, los muros no necesitaban de ornamento alguno.
Y lo que el estudio se ahorraba en atrezo lo gastaba en peluqueros más inspirados en sir Walter Scott e ilustraciones de pintores románticos que en tratados históricos. Porque, lo digo desde ya, a veces los peinados anulan todo el efecto mágico de trasladarse mediante imágenes a otro tiempo. A cambio, unas risas. Una reacción parecida, entre la compasión y la vergüenza ajena, me sigue provocando Robert Wagner cada vez que en algún medio o página impresa me asalta un fotograma de “El príncipe Valiente” (1954). Fiel al diseño de las viñetas de Foster, el director Henry Hathaway permitió que el más horrible corte de pelo jamás inventado –por Estados Unidos lo llaman page boy hair cut– ondease sobre la cabeza del protagonista durante toda la película. Cierto es que no había alternativa sin traicionar la esencia del cómic originario, pero o el equipo tenía muy mal gusto o sabía aguantar la risa con asombrosa profesionalidad. El pobre Wagner perdió toda la virilidad en el camerino de peluquería, aunque se dejase fotografiar más orgulloso que Sansón con su melena.
Tal vez estaba más pendiente de su compañera de reparto, Janet Leigh, tocada con un recogido trenzado que no le va a la zaga en cursilería. Barbie Princesa Cautiva, con moños postizos intercambiables. Las estampas promocionales de la pareja sólo pueden definirse con una palabra: antilujuria. No está recogida por la RAE, pero no saben lo explícita y útil que puede llegar a ser. Y como la dama tropieza siempre dos veces con el mismo vestido, Leigh volvió a dar el susto con “Coraza negra”, de Rudolph Maté, estrenada también en 1954. De su partenaire y marido Tony Curtis mejor ahorro la descripción para no alimentar pesadillas nocturnas. Bien es sabido que, por suerte para ella, su carrera fue al alza –austera en “Los vikingos” (1958), antes de los recortes de pelo que centrasen la atención en su “busto de acero”–, pero lo sorprendente es que Wagner se recuperase del trauma, aunque no tanto como para pulir la aureola de cotizado gigoló que estropeó su peluca entre príncipe de Beckelar y sketch de Muchachada. Mala suerte, porque otros habían lucido antes la melenita sin tanto escándalo, como Errol Flynn en “Robin de los bosques” (1938), y también después, como Luc Simon en “Lancelot du Lac” (1974).
Ambos, a pesar de ese estilismo de maniquí, parecían dar vida al trazo infantil y utópico de los tapices, al contrario de nuevas películas que optan por el barro, la piedra amorfa y la pelambrera, como el “Robin Hood, príncipe de los ladrones” (1991) de Kevin Costner, quien para facilitar las cosas se dejó el mismo peinado que en “Bailando con lobos” (1990) –quizá a algunos convenza menos aún la modernidad y juventud en los rostros de la serie “Robin Hood” de la BBC–. En cuanto a las nuevas versiones de Lanzarote, del Richard Gere de “El primer caballero” (1995) hagamos como con Curtis, mutis por el foro. Y hablando de ladrones y caballeros, parece que no todos se han cuidado de brindarles presumidas damiselas. Desde las alegres trenzas de la Marian de Olivia de Havilland, una inexplicable tendencia ha coronado con eléctricos rizos a casi todas sus sucesoras: Mary Elizabeth Mastrantonio junto a Costner o Amy Yasbeck en “Las locas, locas aventuras de Robin Hood” (1993), doncellas que cada vez cuidan menos de su estilista aunque sus enamorados no lo noten.
A la reina Ginebra le ocurre tres cuartos de los mismo, incumpliendo la máxima de que la mujer del césar no sólo ha de serlo, sino parecerlo. Más rizos locos para Cherie Lunghi en “Excalibur” (1981) frente al recato de Vanessa Redgrave en “Camelot” (1967) o Ava Gardner en “Los caballeros del rey Arturo” (1953) –donde hacían más gracia los ricitos de Mel Ferrer–. Pero es que Richard Thorpe, director de esta última cinta, era un experto en salones aterciopelados, torneos sin sangre y princesas perfectas. Sólo él pudo plantear el dilema de escoger entre Elizabeth Taylor y Joan Fontaine en “Ivanhoe” (1952), aunque las cabelleras de las dos señoritas compitiesen en artificiosidad con la perilla y las cejas puntiagudas de Robert Taylor. Para qué engañarnos: la realidad no siempre interesa dentro de la pantalla, menos en un contexto que, incluso aristocrático, sólo conocía la palangana y el cepillo de cedras duras. Además, ¿quién dijo que ir echo unos zorros y Edad Media no fuesen compatibles? “Robin Hood” (1973) permanece en la memoria junto a los demás clásicos mencionados y, lo mejor, sin que Disney soltase un duro para peluqueros.
En las imágenes: Fotogramas de “Camelot” - Copyright © 1967 Warner Brothers/Seven Arts. Todos los derechos reservados. “El príncipe Valiente” - Copyright © 1954 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. “Coraza negra” - Copyright © 1954 Universal International Pictures (UI). Todos los derechos reservados. “Robin de los bosques” - Copyright © 1938 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Lancelot du Lac” - Copyright © 1974 Compagnie Française de Distribution Cinématographique (CFDC), Gerico Sound, Laser Films, Mara Films y Office de Radiodiffusion Télévision Française (ORTF). Todos los derechos reservados. “El primer caballero” - Copyright © 1995 Columbia Pictures Corporation y First Knight Productions. Todos los derechos reservados. “Robin Hood, príncipe de los ladrones” - Copyright © 1991 Morgan Creek Productions y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Las locas, locas aventuras de Robin Hood” - Copyright © 1993 Brooksfilms y Société des Etablissements L. Gaumont. Todos los derechos reservados. “Ivanhoe” - Copyright © 1952 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados.
Jueves 17 Enero 2008
Tras la incontestable supremacía de “Los tres mosqueteros” en las adaptaciones de Alexandre Dumas –por número y popularidad–, el segundo pilar en los cineastas que creen –pobrecitos– probar suerte con el escritor galo sería sin lugar a dudas “El conde de Monte Cristo”. Novela compilatoria de todas las tramas de venganza posibles, cuando las ideas del estudio no han dado para más siempre aguardaba un Edmundo Dantés al que mejor hubiese sido dejar otros siete años en el calabozo de las bibliotecas. Y es que, como comentábamos en las características generales de su obra, la densidad del Monte-Cristo ofrecería buen material para seis películas distintas, pero que indudablemente perderían la riqueza del original al escindirlas de aquéllas que le otorgan sentido. Por ese motivo, las penurias de Dantés, su enamorada Mercedes y el malévolo Morcef no se han amoldado con soltura al medio cine, obligado por causas de metraje y teorías narrativas a acortar un holgado vestido que muchas veces se transforma en simplón biquini –y no, no hay escenas picantes en sus traslaciones–.

Aquí también existen versiones datadas en la época silente: 1908 es la fecha de nacimiento de una breve mirada al mítico relato. Después de otro par de intentonas superfluas, el galán John Gilbert introdujo la figura de Edmundo con toda la presencia elegante y sofisticada que requerían los gustos norteamericanos en “Monte Cristo” (1922) –recordemos que el protagonista es italiano y Gilbert lucía esa silueta alargada y morena, poco anglosajona–. Sin embargo, el actor debería haber leído en aquella invisibilidad el anuncio de su futuro declive: una versión francesa de 1929 –y resulta curioso que el país originario de Dumas haya sido menos prolífico al fijarse en él– precede a la versión más ‘lujosa’ de Hollywood en 1934, con Robert Donat y dirigida por Rowland V. Lee –quien también se atrevería con “El hijo de Monte-Cristo” (1940), los mosqueteros y un biopic sobre Richelieu (ambos en 1935)–. A partir de este momento la fiebre Dumas se extiende hacia Europa y Sudamérica, especialmente en formato seriado para televisión, que consigue recuperar sus detalles a la par que acentúa la progesión de telenovela interminable. La variedad cubre todos los gustos y colores, incluida la animación, no tan exitosa como en el caso de “Los mosqueperros”, y todavía podemos encontrar nombres célebres vinculados a estos proyectos, como Tony Curtis en la piel del villano en el caso de Estados Unidos (1975) o Gérard Depardieu en el francés (1998).

Poco más consigue escarbarse en el escueto y mediocre historial de una obra tan importante, pero poco adecuada a los riesgos confiados de cualquier superproducción y aún menos acorde con la fobia contemporánea hacia el folletón tradicional. Se ha dado por sentado en muchas ocasiones que la leyenda de Monte Cristo alcanza la memoria de cualquier persona y que un recordatorio no haría sino redundar en la herida: los argumentos universales no cesan de repetirse. Para refutar esta creencia, en 2002 se rodó una insulsa y presuntamente vistosa adaptación en manos del director con historial más indicado –lo cual suele ser síntoma de una catástrofe segura–, Kevin Reynolds, en su haber moderneces de copieteos clásicos como “Robin Hood, príncipe de los ladrones” (1991), “Rapa Nui” (1994) o “Waterworld” (1995). Menos mal que no coló a Kevin Costner al frente de un reparto de bajo nivel, aunque James “Jesucristo” Caviezel tampoco salva la función con su inexpresividad excusada por el carácter cínico del personaje. Piratas, fiestorros y duelos a muerte en una película que no es ni el pálido reflejo de la complejidad narrativa de Dumas, segunda confirmación –aún más rotunda que la primera– de que algunos libros sufrirían menos atados con grilletes y sometidos al castigo gratuito del latigazo.
En las imágenes: Fotograma de “Monte Cristo” - Copyright © 1929 Les Films Louis Nalpas. Todos los derechos reservados. John Gilbert en “La reina Cristina de Suecia” - Copyright © 1933 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Fotograma de “El conde de Monte Cristo” - Copyright © 1934 Edward Small Productions. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El conde de Monte Cristo” - Copyright © 2002 Touchstone Pictures, Spyglass Entertainment, World 2000 Entertainment, Birnbaum/Barber, Epsilon Emotion Pictures y Count of Monte Cristo Ltd. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
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original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
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Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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