Martes 23 Junio 2009
“Transformers: La venganza de los caídos” es la segunda entrega de un seguro cinematográfico, una saga de blockbusters que de antemano rentabilizan los estratosféricos presupuestos que exigen las muestras del género Michael Bay. Lo más llamativo del fenómeno “Transformers” es la brecha generacional que supone, aquella que separa las superproducciones que prometen hoy seguir reventando taquillas largo tiempo y el origen, la marca forjada desde las jugueterías y la pequeña pantalla en los años 80. Los Transformers invertían el proceso de expansión del merchandising iniciado por sagas como “Star Wars”, naciendo como línea de juguetes de Hasbro que en paralelo disfrutaría de una serie animada y una colección Marvel que perduraría hasta 1991. El salto a la gran pantalla con Bay en 2007 (y amén de la película animada de 1986), demostraba que la franquicia del juguete también es un caramelo para el blockbuster veraniego, afirmación que se refrenda en la presente temporada estival con los estrenos de la mencionada segunda parte de “Transformers” y la live-action de “G.I. Joe”. Excusa más que válida para un repaso rápido a algunas películas que hicieron de los juguetes su fuente de adaptación o sus verdaderos protagonistas.

Transformers: Además de las mencionadas series que iniciaron la fiebre, la franquicia nunca ha dejado de derivar en evoluciones varias que han permitido generaciones de Transformers y hasta cross-overs con G.I. Joe (en cómic). Los muñecos articulados de Hasbro, desde el relanzamiento en 1992 de la línea con la Generación 2, también se han visto obligados a reinventarse, con líneas como la Beast Machines (1996-2001), también acompañada de su correspondiente serie televisiva entre 1999 y 2001. Varias líneas y series después, en 2007 y tras una precuela en forma de cómic, llegó la versión cinematográfica. En su adaptación, Michael Bay retomó a su manera la saga de los Witwicky, aliados de los Autobots ya presentes en los cómics Marvel y la serie animada. Leer más »
Miércoles 17 Junio 2009
Se rodaron prácticamente en agendas paralelas, pero “Corazón de tinta” (Iain Softley, 2008) quedó relegada al suspenso de las reservas de New Line tras el estrepitoso fracaso de “La brújula dorada” (Chris Weitz, 2007) en las taquillas de todo el mundo. Un año después, los ejecutivos se atrevieron a estrenarla de manera discreta, pasando por alto que el retoño proscrito podía lucir mayor entidad que aquel primer episodio de “La materia oscura” que (parece) penderá para siempre sobre un abismo sin conclusión. Tal vez puestos sobre aviso, “Corazón de tinta” fue retocada y pulida hasta adquirir la forma de una película independiente de la trilogía literaria. Las secuelas podrían ser tan plausibles como innecesarias ante la ola de fantasiafobia, pero mientras los Mundos de Tinta de Cornelia Funke ya han dado carpetazo final en los libros sin ánimo de traslación a la gran pantalla, resulta pertinente repasar a sus criaturas, de modo que nadie vuelva a perderse en otro más de los mundos fantásticos que se cobijan a la sombra del mago más famoso del planeta.

Nombre fuera del libro: Mortimer ‘Mo’ Folchart / Brendan Fraser.
Nombre dentro del libro: Lengua de Brujo —en inglés Silvertongue, epíteto que también se ganaba Lyra, la pequeña protagonista de “La brújula dorada”—.
Sus poderes son: Por razones desconocidas, Mo posee la habilidad de traer a la vida todo aquello que lea en voz alta, desde personas y animales hasta fenómenos meteorológicos y objetos inanimados, pero a cambio de que algo del mundo real viaje a las páginas del libro. Los villanos de papel que no tienen suficiente con gobernar sus reinos ficticios anhelan instalarse en el nuestro y sentar a la derecha de su trono a Mo para que lea pasajes favorables a sus maquiavélicos planes. Leer más »
Miércoles 20 Mayo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 20.05.09 a las 10:55
Archivado en: Actores y actrices, Anécdotas y curiosidades, Aventuras, Años 20, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine americano, Cine bélico, Cine europeo, Cine histórico, Cine mudo, Cine negro, Comedia, Documental, Drama, Fantástico, Hollywood, Personajes, Romance, Terror, Western
Ben Stiller vuelve a desenfundar la linterna, esta vez como celador nocturno del complejo museístico más grande del mundo: el Instituto Smithsoniano de Washington D.C., una institución fundada en el siglo XIX que presume de un ingente catálogo histórico abierto a la curiosidad de cualquier ciudadano norteamericano, primera enmienda en ristre. De Nueva York a la capital política del país, Stiller se acompaña de litros de cafeína y de sus antiguos compadres de “Noche en el museo” (Shawn Levy, 2006) para aguantar la sacrificada tarea de llevar el orden a otra de esas pinacotecas que tanto gustan en Estados Unidos, escaparates de figuras de cera y cartón piedra que viven a horas intempestivas lo que de día contemplan desde sus peanas sin gloria. Una resurrección que también posee mucho de cinematográfico y de iconos que, vigile Stiller o no, merecerían un museo para ellos solos.

El esqueleto de dinosaurio: “La fiera de mi niña” (Howard Hawks, 1938). David Huxley (Cary Grant) no era perseguido por un tiranosaurio fosilizado con peor despertar que un carnívoro en “Parque Jurásico” (Steven Spielberg, 1993) a dieta caprina, pero el volante para el cardiólogo lo tenía asegurado con la irrupción de Susan Vance (Katharine Hepburn) en sus hasta el momento ordenadas vida… y ristra de huesos de brontosaurio. Si un vago de Brooklyn como Larry Daley (Stiller) no está acostumbrado a correr mil metros lisos en su primera noche de trabajo, un paleontólogo con el espíritu aventurero de un patoaventuras en blanco y negro se merece las sacudidas del genio de Howard Hawks, las dentelladas de un leopardo tan felino como su dueña y los temblores de un esqueleto que se viene abajo en una metáfora de su artítrica rutina. Desoyó el aviso: no arrancar costillas antes de la medianoche. Leer más »
Miércoles 15 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 15.04.09 a las 20:57
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 20, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Cine americano, Cine asiático, Cine erótico, Cine español, Cine europeo, Cine mudo, Comedia, Fantástico, Hollywood, Personajes, Romance, Terror
«¡No queremos pruebas, no pedimos a nadie que nos crea!», exclamaba Jonathan Harker, el sufrido esposo de Mina y eterno rival amoroso del conde Drácula, al término de la novela de Bram Stoker. La esencia de las paradojas existenciales —y ficcionales— del vampiro están contenidas en ese finiquito literario que, a su vez, supuso el comienzo de una mitología renovada que con perspicaz tino cambió las armas tradicionales del terror por otras adecuadas a un tiempo próximo a extinguirse. A costa de su cercanía dolorosa, y cada vez más plausible, al ser humano, la figura del vampiro ha sido la mayor sufriente de evoluciones precipitadas y virajes bruscos provocados por la cabezonería de autores y productores, a quienes nunca se les ocurriría deponer las estacas en la caza de una criatura tan rentable para las arcas editoriales y cinematográficas. Diferentes como la noche y la mañana, habitantes de una o de otra, las inquietantes sombras que anhelan elixir vital han coleccionado los epítetos de chupasangre, no-humano y no-muerto hasta que el siglo XXI alumbró el amanecer —o eso quisiera Stephenie Meyer, pues sería más juicioso pensar en un ocaso— del vampiro amigable, icono apolíneo de una sociedad que se cree libre de ataduras sexuales.

El cineasta sueco Tomas Alfredson, que en su filmografía no posee ni un mínimo rastro de pelambre fantasiosa, se aproxima a la leyenda como mejor sabe: en clave realista e imitando las solfas imaginativas del escritor John Ajvide Lindqvist en su novela “Déjame entrar”. Pero entre el éxito sleeper de la película se entrevé una pervivencia necesaria, para el espectador y para ese explicable triunfo, de rasgos identificativos del vampiro, como un rastro de migas dispuesto con apariencia descuidada en esa maraña y maleza del cine de terror que hoy, si emerge una criatura pálida y de pupilas inyectadas, ya no lo es tanto. ¿Es la nueva sangre que desde la ficción se inyecta al vampiro causa de su resurrección o de una muerte paulatina? Veamos si las transfusiones de urgencia practicadas a lo largo de la historia vampírica han salvado al hombre del abrazo de la muerte y han hecho del vampiro un exótico murciélago de peluche. Leer más »
Viernes 9 Mayo 2008
Llega a las pantallas de todo el mundo “Speed Racer” (2008) con un inquietante eslogan –«un mundo hecho para la velocidad»–, lo que me plantea si no será la secuela de una carrera premeditada que viene fraguándose desde cientos de películas atrás. Guste o no será así, un ritmo vertiginoso en consumo de experiencias y cine, mientras no se paladea nada. Sin embargo, antes del susodicho Meteoro otros personajes con ganas de quemar el asfalto se agenciaron un coche por compi, y resulta curioso comprobar cómo ha cambiado el significado de las cifras que marcan los kilómetros por hora. Tal vez quien más obligaba a la aguja a inclinarse era James Bond a bordo de sus costosos Aston Martin, pero lo casi sci-fi de su tecnología hacía creíble hasta la más arriesgada de las carreras. Pensemos más bien en esos momentos que el protagonista disfruta creyéndose amo de la pista, sin sospechar siquiera que en unas décadas esas velocidades las rebasaría un coche teledirigido. Por ejemplo, películas de competición –dentro, no fuera de sí mismas–, como “Grand Prix” (1966), de John Frankenheimer, que remite a la mezcla de escuderías enfrentadas y amores revueltos.

“Las 24 horas de Le Mans” (1971), con Steve McQueen, unas melenas leoninas y el Gulf Team Porsche 917 con que, atención, pretendía triunfar en el circuto donde falleció un amigo suyo –¿no les suena? Léanse la sinopsis de la de los Wachowski–; o “Greased lightning” (1977), sobre el primer campeón de carreras afroamericano, y la futurista “The last chase” (1981) ya auguraba el papel liberador del automóvil. Aunque no todos perdían los estribos –perdón, los frenos– en su afán por alcanzar la meta: el elegante automóvil de “La carrera del siglo” (1965), una menor pero divertida comedia de Blake Edwards, se tomaba su tiempo y dilatado metraje para atravesar tres continentes, a lo Phileas Fogg. Otros locos que se han lanzado a las autopistas –hay que ver, con lo que peligrosas que son, ¿no pueden meterse a senderismo?–: “Los locos del cannonball” (1981), parodia de “Cannonball!” (1976), o “Locos al volante” (19). Como ya analizó mi compañera Tònia, las hot rod movies, desde “Rebelde sin causa” (1955) hasta “Grease” (1978), pasando por “The wild ride” (1960) o “Catch me if you can” (1989) –de Stephen Sommers, no de Spielberg– fomentaron entre los chicos la posibilidad de pavonearse gracias a las carrocerías que paga papá, aunque lo disfracen de autosuperación, como Tom Cruise en “Días de trueno” (1990).

Por suerte para nuestros queridos niños del futuro –espero que se perciba la ironía–, no todo es metal tuneado y tubos de escape con diámetros meloneros, algunos se han preocupado de mostrar al coche como el mejor amigo del hombre solitario o del chaval marginado. Ahí tienen a “Chitty Chitty Bang Bang” (1968) o a Herbie, el escarabajo blanco que protagonizó numerosos títulos –“Ahí va ese bólido” (1968) dio el pistoletazo de salida hasta “Herbie, torero” (1980), lo que hay que oír…– y que recuperó Lindsay Lohan para la gran pantalla en “Herbie: A tope” (2005) –cinta terrible, pero al menos le daban papeles a la moza descarriada–. Unos pocos se quedaron tan tocados que de mayores sólo supieron seguir comunicándose con sus inseparables coches, como Batman o Michael Knight, de “El coche fantástico” (1982). Pero para carrera escalofriante, la que se marca Grace Kelly en “Atrapa a un ladrón” (1955), justamente en la zona donde moriría en accidente de tráfico. Con rastrear un poco en los últimos años se encuentran ejemplos, a veces demasiado parecidos a este nuevo “Speed Racer”, que prosiguen la loa al volante y las chicas de bandera –a cuadros–. Tal vez tenía razón Springsteen, «we were born to run», si bien es diferente del lema de estos muchachos: born to race.
En las imágenes: Fotogramas de “Grand Prix” - Copyright © 1966 Cherokee Productions, Douglas & Lewis Productions, Joel Productions, John Frankenheimer Productions Inc. y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Y de “Ahí va ese bólido” - Copyright © 1968 Walt Disney Productions. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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