Jueves 30 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 30.04.09 a las 10:50
Archivado en: Aventuras, Años 20, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine europeo, Cine histórico, Comedia, Drama, Hollywood, Personajes, Romance
No fue la primera mujer en acceder al trono de Inglaterra, Escocia o Gran Bretaña, pero sí quien disfrutó de más años arracimada al cetro y la corona. Ahora llega a las pantallas un biopic sobre “La reina Victoria” (Jean-Marc Vallée, 2008): Sarah Ferguson, duquesa de York y ducha en el ámbito de las audiovisuales, ha impulsado junto a Martin Scorsese este retrato de juventud que viene a complementar una filmografía tendente a olvidar los años mozos de la princesa. Desde “Victoria the Great” (Herbert Wilcox, 1937) hasta la recreación de su supuesto y postrero romance con un sirviente en “Su majestad, Mrs. Brown” (John Madden, 1997), la longeva reina se ha prodigado en aventuras de Sherlock Holmes o Phileas Fogg, pesquisas en torno a Jack el Destripador, westerns y museos de cera. Mientras Emily Blunt le disputa a Romy Schneider —en “Los jóvenes años de una reina” (Ernst Marischka, 1954)— el título de mejor joven Victoria, el cine no para de inspirarse en la saga de los monarcas anglosajones.

Enrique II: Reinado de 1154 a 1189. Acontecimiento cinematográfico más señalado: “El león en invierno” (Anthony Harvey, 1968). Peter O’Toole, en la piel del dubitativo rey, y Katharine Hepburn como su esposa Leonor de Aquitania representaron uno de los duelos históricos más memorables y entrañables del subgénero en este clásico teatral de herencias shakespearianas. Él no se decidía a escoger a uno de sus tres hijos para la sucesión y ella asistía, entre irónica y desencantada, al derrumbe de su familia y su reinado consorte. No hubo reunión navideña más fría e hipócrita en mil castillos medievales a la redonda. Leer más »
Viernes 6 Febrero 2009
En “El desafío: Frost contra Nixon”, Ron Howard enfrenta los butacones del presidente Nixon y del periodista David Frost y el peso interpretativo de sus dos actores: Frank Langella y Michael Sheen, quienes representan asimismo la procedencia estadounidense y británica de sus personajes. Uno de extensa trayectoria y otro de rostro cada vez más popular, dos hijos de la farándula que han fusionado para Howard sus dos pasiones: el teatro, reducto original del libreto de Peter Morgan, y el cine, al cual se adapta ahora el duelo televisivo que finalizó con la confesión de Nixon sobre sus corruptos últimos meses presidenciales. Careamos a esta pareja de intérpretes en las mismas categorías que plantea Frost al entrevistar a Nixon.

El hombre: Pero antes, el niño. Frank Langella nace en 1938 en Estados Unidos, en Bayonne, Nueva Jersey, y Michael Sheen al otro lado del océano, en 1969, en Newport, Gales. Poco después de nacer, su familia se traslada a Port Talbot, de donde guarda tan gratos recuerdos como Langella de su ciudad natal, alternada con visitas a la capital cultural, Nueva York. Las preferencias de Sheen parecían marcadas desde su alumbramiento: último de un denso árbol genealógico dedicado al mundo del espectáculo, no heredaría los genes de su tatarabuela, domadora de leones en el Ringling Brothers Circus, pero sí de sus padres, Irene y Meyrick, habituales de las tablas inglesas. Su afición juvenil, sin embargo, y a semejanza de dos tercios de la población infantil inglesa, era el fútbol, que sustituyó por el teatro después de obsesionarse con Laurence Olivier. El gancho de Langella tuvo lugar a sus dieciséis años y tras ver a Rosalind Russell en la obra “Auntie Mumie” en Broadway, acontecimiento que lo lanzó, como a Sheen, a las escuelas de interpretación.
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Jueves 5 Junio 2008
Nació en 1929, el mismo año que Max von Sydow, su compañero en “Aritmética emocional” (2007), que se estrena esta semana en nuestro país. La coincidencia es lo único que parece unirles: Christopher Plummer interpretó a Herodes y Sydow a Jesucristo, y además luce una apariencia bondadosa y ese toque caballeresco que siempre acompaña a los intérpretes especializados en Shakespeare. Los tabloides –que nunca ha abandonado: ganó dos premios Tony por “Cyrano” y “Barrymore”, y ha recibido otras cuatro nominaciones– y un incipiente talento de concertista de piano curtieron su base antes de que lo absorbiese la gran pantalla, en eternos papeles de secundario contento, pero sin posibilidades en los Oscar®. Tal vez porque, como les sucede a sus colegas de reparto en su nueva película, desde sus orígenes ha demostrado un interés por el medio televisivo y los guiones literarios poco usual entre las estrellas que desean brillar por encima del resto.
Sin embargo, Plummer sí ha cosechado éxitos en ese resbaladizo territorio de lo teatral y lo casi demodé, como ejemplifica su Cómodo de “La caída del Imperio romano” (1964), “Edipo Rey” (1967), el famoso archiduque Francisco Fernando en “Atentado en Sarajevo” (1975), o, en cuanto a sus relaciones con la literatura, encarnó a Rudyard Kipling en la maravillosa “El hombre que pudo reinar” (197), a Sherlock Holmes en “Asesinato por decreto” (1979) y en uno de sus últimos papeles adaptó la obra de Dickens “La leyenda de Nicholas Nickleby” (2002). Y, por supuesto, no se me olvida su personaje más impostado, es decir, criatura natural de los escenarios rococós y los telones que separan larguísimos actos: el capitán von Trapp de “Sonrisas y lágrimas” (1965), responsable de que casi odie a muerte a Plummer por sus gorgoritos en “Edelweiss”, canción por la que profeso una infinita manía. Leer más »
Domingo 4 Mayo 2008
Si digo Billy Wilder todo el mundo aplaude –porque es dios Wilder, no porque lo diga yo–. Si digo Itek Domnici dejaré congelada a la platea. Como se habrá adivinado desde el título de este artículo, que para eso está, ese impronunciable nombre rumano corresponde al semidiós I.A.L. Diamond, el coguionista en el que Wilder confió la segunda mitad de su carrera. Zeus y Hefesto, mano a mano en la fragua de los diálogos que azotarían sus películas como una tormenta de rayos brillantes e irrepetibles. Pero me estoy desviando y eso supone un pésimo papel como narradora, que diría Robert Downey Jr. en “Kiss kiss, bang bang” (2005). Rumanía. Domnici. ¿Consigue un guionista extranjero y de apellido con sonoridad judía, así, por las buenas, adentrarse en el más prestigioso círculo hollywoodiense? Teniendo en cuenta la misma procedencia de Wilder y la astuta manera de rebautizarse de la gente del cine, parece que la idea no es descabellada. Existen diversas teorías acerca del significado de las siglas I.A.L. por las que optó Itek, aunque sus más allegados podían llamarlo Iz.
Dicha elección sonaba a escritor de culebrones de categoría, a pseudónimo rutilante tras el que se esconde una identidad apagada y taciturna. Izzy Diamond. Su imagen y su trabajo desmienten estas rápidas asociaciones: un hombre bajito, con gafas y expresión tímida consiguió firmar algunos de los más atrevidos, descarados, desternillantes y hermosos guiones de la meca del cine. Pero él no fue la primera niña de papá, recordemos que Wilder había colaborado de forma estrecha con Charles Brackett durante la primera fase de su trayectoria fílmica. Wilder y Brackett componían un tándem perfecto y engrasado desde “La octava mujer de Barba Azul” (1938) para la Paramount, estudio donde se conocieron y que después convertirían en diana de su acerado desencanto en “El crepúsculo de los dioses” (1950), el último guión juntos y que se despidió de ellos con un Oscar®. ¿Por qué estrellar la moto después de un exitoso salto mortal? Incompatibilidad de caracteres, que suele decirse, aunque Brackett ya se había separado del director en “Perdición” (1944), por considerarla una historia demasiado libertina para sus principios, y que hizo subir a bordo a Raymond Chandler.
Es en este momento, mientras Wilder se pasea solo por el despacho con su fusta y la máquina de escribir pide a gritos un aporreador diligente, cuando decide ahogar las penas en otro hombre. Y ningún sitio mejor para encontrarlo que una fiesta del Sindicato de Guionistas –los logros se consiguen de parranda, amigos, no en las aulas–. Entre whisky y bourbon, destaca el firmante de los libretos de varias películas con Marilyn Monroe: “Love nest” (1951), “Let’s make it legal” (1951) o “Me siento rejuvenecer” (1952). Wilder contrata a Diamond para su próxima película, “Ariane” (1957), que supone un fracaso en taquilla y el potencial fin de Diamond como confidente del director. Wilder se va a rodar por su cuenta “Testigo de cargo” (1957) y Diamond hace lo propio con “Loco por el circo” (1958), pero el recuerdo de aquella peliculita tonta y romántica demuestra que sus talentos compatibilizan tonos, sentido del humor y maneras de dinamitar los géneros. Así refuerzan lazos para “Con faldas y a lo loco” (1959), el detonante de una pareja sólida en el mundo del guión, responsable de otros diez proyectos, algunos de los cuales Diamond también produjo.

“El apartamento” (1960), “Uno, dos, tres” (1961), “Irma, la dulce” (1963), “Bésame, tonto” (1964), “En bandeja de plata” (1966), “La vida privada de Sherlock Holmes” (1970), “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?” (1972), “Primera plana” (1974), “Fedora” (1978). Diamond sólo volvió a escribir para otro director con “Flor de cactus” (1969), y parte de lo que concibió junto a Wilder nunca vio la luz, como el metraje eliminado, más de cuarenta minutos, de su película sobre Sherlock Holmes. Ganaron el Oscar® por “El apartamento”, y un cúmulo de otros premios y nominaciones avalaron su esfuerzo para el gran público. Aunque Diamond viviría hasta 1988 y Wilder murió en 2002, la despedida del cine de ambos fue “Aquí, un amigo” (1981), junto a otra pareja de actores predilectos, Jack Lemmon y Walter Matthau. Billy Wilder afirmó que el mejor director es aquél que no se ve. Según ese teorema, entonces I.A.L. Diamond, discreto y capaz de supeditar su ego, se contó siempre entre los mejores guionistas.
En las imágenes: Billy Wilder e I.A.L. Diamond junto al cartel promocional de “Con faldas y a lo loco” - Copyright © Ashton Productions y The Mirisch Corporation. Todos los derechos reservados. Fotogramas de “La vida privada de Sherlock Holmes” - Copyright © Compton Films, The Mirisch Corporation, Phalanx Productions y Sir Nigel Films. Todos los derechos reservados. Y “En bandeja de plata” - Copyright © The Mirisch Corporation y Phalanx-Jalem. Todos los derechos reservados.
Pagina nueva 1

Martes 8 Abril 2008
Se descuelga el auricular y una voz rasposa por el tabaco dice: «Te he encontrado». Como no hay dos sin tres, tampoco habrá femme fatale sin alguien que le remuerda la conciencia, ni un gángster sin que la misma persona le recuerde el sonido de los grilletes: el detective. No se trata de un triángulo amoroso –a veces sí, cuando la dama es lo suficientemente interesante–, pero los tres personajes han fundado una tríada imprescindible en el cine negro y derivados. Sin embargo, los modos del detective llegan a ser más impredecibles: vive entre un cristal rugoso con su nombre rotulado que lo separa de los demás y enormes ventanales que le ofrecen panorámicas reveladoras de la ciudad. Es un silencioso espectador del comportamiento humano porque su misión consiste en hacer cantar a los sospechosos. O a un pájaro, como el archiconocido Sam Spade de “El halcón maltés” (1941), aunque muchos crucen su nombre con el de otro notable investigador, Philip Marlowe (“El sueño eterno”), por poseer ambos el rostro de Humphrey Bogart.

Su álter ego más renombrado, eficaz quizá, aunque otros como Dick Powell (“Historia de un detective”), Robert Montgomery (“La dama del lago”), James Garner (“Marlowe, detective muy privado”), Elliot Gould (“El largo adiós”) y Robert Mitchum (“Adiós, muñeca”) se encargasen del mismo rol en producciones cada vez menos avaladas por los años dorados de Hollywood. Mientras que el gángster y la femme fatale han encontrado sus evoluciones –así, a lo pokemon–, adaptadas a los nuevos tiempos, el detective salvaguarda una aureola demodé, su misma esencia se encadena sin remedio a actitudes nostálgicas. No en vano es él quien debe restituir el orden, cortar el grifo del alcohol ilegal y el contoneo de las mujeres suntuosas. Enfrascado en sí mismo y en su idea de cómo debería ser el mundo, en su gabardina, el bloc de notas y las pruebas que almacena en los bolsillos sin bolsa de plástico reglamentaria, el detective desempeña la función que ya a nadie interesa. ¿Ser el chico bueno? ¡Bah! Con el tiempo han ganado en humor –aunque ya encontramos buenos ejemplos en el inspector Clouseau de la saga de “La pantera rosa” y en Nora y Nick Charles, protagonistas de otra saga, “The thin man”–.

Además, han conquistado el terreno televisivo, medio ideal para la fragmentación de sus aventuras y que ejemplifica la nueva imagen detectivesca: dura, rigurosa, institucionalizada, orgullosa de pertenecer a la CIA o al FBI –desde “Colombo” o “Twin Peaks” hasta “Expediente X” o “Ley y orden”, que no tienen demasiado que ver con antiguas series sobre el tema, como “Dick Tracy”, “Perry Mason” o “El detective cantante”–. En realidad, el problema del detective clásico es que está en el paro. Ahora todos imitan su papel: los médicos, los forenses, los adolescentes, las amas de casa, los periodistas –intrusión ya representada en “Alarma en el expreso” (1938)–. ¿Quién quiere a Sherlock Holmes o a Guillermo de Baskerville? ¿Alguien echa de menos a Jake Gittes? La reciente teleserie “Life on Mars” ha demostrado que están de moda otros tiempos, unos setenta ágiles y sin tabúes, donde el detective es la estrella y no la causa de la inquietud –caso de “La sombra de una duda” (1943), “Sabotage” (1936), “La dama desconocida” (1944), “Obsesión” (1943)–.

Ya no se trata de manejar asuntos discretos en mansiones de ricos que se aburren, sino de pelear la calle, las de “En el calor de la noche” (1967), “Shaft” (1971), “Harper, investigador privado” (1966), “El silencio de los corderos” (1991), “Sin City” (2005) o “American gangster” (2007). El espíritu de Dashiell Hammett o Raymond Chandler sólo resucita en eventuales cintas de época demasiado impostadas –“El hombre que nunca estuvo allí” (2001)–, parodias –“Sleepy Hollow” (1999)– o sorprendentes actualizaciones –“El gran Lebowsky” (1998), “Brick” (2005)–. Una indefinición a caballo entre la impasibilidad del detective del neo noir francés –“Detective” (1985), “El silencio de un hombre” (1967)– y la férrea escala de valores del viejo investigador privado –Charlie Chan, Miss Marple, Poirot, Michael Shayne–. En los tiempos que corren, las dudas carcomen las apariencias –“Brigada 21″ (1951), “Mystic River” (2003)– y al detective no le queda más credibilidad que la de su placa –de no haberla perdido– y las pruebas. Lástima que éstas las abandonase alguno en la barra de un club del Chicago de los 30. Habría que llamar a Scooby Doo y su Mistery Machine –los de dibujos sesenteros, por supuesto– para intentar ponernos en contacto con el Más Allá y que resuelvan el misterio de esos detectives huidos para siempre.
Anteriormente:
En las imágenes: Fotografía promocional de “La cena de los acusados” - Copyright © 1934 Cosmopolitan Productions y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Fotogramas de “La pantera rosa” - Copyright © 1963 Geoffrey Productions Inc. y The Mirisch Corporation. Todos los derechos reservados. “Chinatown” - Copyright © 1974 Long Road, Paramount Pictures y Penthouse. Todos los derechos reservados. Imagen promocional de Charlie Chan - Copyright © 1944 Monogram Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Fotogramas de “Harper, investigador privado” - Copyright © 1966 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Sin City - Copyright © 2005 Miramax International, Dimension Films y Troublemaker Studios. Todos los derechos reservados. Y “Shaft” - Copyright © 1971 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y Shaft Productions Ltd. Todos los derechos reservados.
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
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Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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