Jueves 26 Marzo 2009
Escrito por Jordi Revert el 26.03.09 a las 19:09
Archivado en: Acción, Actores y actrices, Aventuras, Biopic, Ciencia-ficción, Cine bélico, Cine independiente, Cine negro, Comedia, Drama, Fantástico, Hollywood, Thriller, Western
En “Traidor”, Guy Pearce le sigue la pista a Don Cheadle. Uno es agente del FBI en lucha contra el terrorismo. El otro, un antiguo oficial de operaciones especiales que parece saber más de dos cosas respecto a la conspiración que el primero persigue. Empieza a ser frecuente ver en nuestra cartelera thrillers que escenifican la lucha contra el terrorismo en un marco internacional, y la película de Jeffrey Nachmanoff parece inscribirse en una tendencia hacia la que ya apuntaran cintas como “Red de mentiras”. Ahora bien, lo que no es tan frecuente es encontrar como principales cabezas de cartel a dos intérpretes como Pearce y Cheadle, dos actores que han disfrutado de algunos sonoros pero puntuales éxitos en el pasado y con una trayectoria consolidada que quieren seguir ampliando.

Cheadle se inició en el cine en los 80, debutando con la comedia “Loca Academia de Conductores” (1985). Sin embargo, y como otros tantos en sus primeros pasos, frecuentó la televisión con pequeñas participaciones en series varias, algunas tan conocidas como “Fama” o “Canción triste de Hill Street”. Cheadle retomó el cine en “La colina de la hamburguesa” (1987) y se puso bajo las órdenes de Dennis Hopper en la policíaca “Colores de guerra” (1988). A principio de los 90 disfrutó de su primer personaje de larga duración para una serie de televisión, Ronald Wilson en “Hotel de oro”, una especie de secuela de “Las chicas de oro” que sólo permaneció una temporada en antena. Más éxito tuvo “Picket fences”, que le permitió intervenir a lo largo de varias temporadas e hizo que su rostro resultara cada vez más familiar. Tras estas participaciones televisivas se apuntó al cine negro en “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto” (1995) y “El demonio vestido de azul” (1995); luego al de catástrofes en “Volcano” (1997); y después, al de uno de los más prometedores autores del cine norteamericano, en “Boogie nights” (1997). Los premios empezaron a fijarse en él y en 1998 se llevó un Globo de Oro por resucitar a Sammy Davis Jr. en el telefilme “The Rat Pack” (1998), y hasta “Los Simpsons” le llamaban ya para pedirle voz en uno de sus capítulos. Leer más »
Viernes 26 Diciembre 2008
Aunque la afirmación de que el cine es el arte más completo por contener todos los demás artes es harto arriesgada, parece menos discutible que, a través del cine, se han logrado increíbles simbiosis con diversas disciplinas. Si el cómic es el noveno arte, el séptimo le ha hecho flacos y benditos favores, pero sin duda ha conseguido acercarse a él en su reproducción de estéticas imposibles e historias irrealizables.

La adaptación del cómic a la pantalla no es nueva, pero disfruta de una cosecha particularmente prolífica en los últimos años. Ya no se trata sólo de revisiones de los estandartes de la DC Comics, Superman y Batman, pues mucho ha llovido desde aquellos años en los que el cómic era relegado a un entretenimiento menor y poco a tener en cuenta como fuente de inspiración. Los 80 fue una década clave para un asentamiento de prestigio que llegó con nombres como Alan Moore o Frank Miller. Ambos contribuyeron a hacer de 1986 una de las fechas más importantes para la novela gráfica, con dos referentes que, algo más de dos décadas después, iban a cambiar el cine de superhéroes: en aquel año confluirían “Watchmen” (obra del primero, junto con Dave Gibbons) y “The Dark Knight returns” (obra del segundo, traducido al español como “El regreso del Señor de la Noche” o “El regreso del Caballero Oscuro”). Ambos formaron parte del llamado ‘espíritu del 86′ y ambos han dado con monumentales equivalentes en la pantalla a manos de Zack Snyder y Christopher Nolan. Así que tras comprobar cómo “El Caballero Oscuro” se ha convertido en uno de los filmes de superhéroes más importantes del celuloide, y a la expectativa de la cinta que adaptará la revolucionaria novela gráfica de Moore y Gibbons, parece que estamos en un momento decisivo para encumbrar o tirar por tierra algunas de las obras capitales del noveno arte. Leer más »
Miércoles 11 Junio 2008
«Hay 35 páginas y 124 ilustraciones en un cómic corriente. Un sólo número puede costar entre 1 y 140.000 dólares. Cada día se venden en Estados Unidos 172.000 cómics. Más de 62.780.000 cada año. El coleccionista medio tiene 3.312 cómics e invertirá aproximadamente un año de su vida en leerlos.» A veces la estadística sirve para algo: para sustentar una película que analiza el fenómeno de los superhéroes norteamericanos desde una perspectiva que sustituye el espectáculo por el verdadero significado de estos modernos iconos culturales. Dicho párrafo introduce a “El protegido” (2000), la decisión de M. Night Shyamalan de no rehacer lo andado, a pesar de que continuasen exigiéndole la sorpresa revelatoria que, en este caso, constituye uno de los mejores ejemplos del director al no apostar por el giro argumental, sino por las dolorosas verdades. Y lo que tiene más mérito, plantearlo antes del 11-S, la fecha que después puso a tiro la crítica situacionista en relación a las películas de Shyamalan. Antes ya era político, porque serlo es tener en cuenta la doble moral de su país de acogida, aquélla que no cambió tras los atentados de las Torres Gemelas.
La idea para “El protegido” nace un par de años atrás, durante el rodaje de “El sexto sentido” (1999), o bien debería decir muchos años atrás, cuando Shyamalan era un pequeño y ávido lector de historietas. Al igual que Elijah Price (Samuel L. Jackson), personaje afectado por la rara pero real enfermedad osteogénesis imperfecta, que hace que sus huesos se rompan fácilmente, y que halla en las páginas de los cómics un mundo de respuestas, también el cineasta quiso plantearse el motivo de la atracción por los prototipos del superhéroe y el villano, las causas de su invención/existencia entre hombres corrientes. El guión de la película constituye la primera parte de otras dos que fueron deshechadas por Shyamalan, de ahí la pregunta recurrente de muchos periodistas acerca de si podría completar una trilogía. No parece ésa su intención, ni sería coherente con el espíritu opuesto a las grandes sagas de héroes DC –y Action Comics, homenajeados de forma explícita– o Marvel en la gran pantalla. Aunque ahora está de moda profundizar, sobre todo en clave humorística, en los superhéroes que descubren o recuperan sus poderes, la película se ahorra las tradicionales lucha contra el mal y pelea contra el malo. Leer más »
Sábado 16 Febrero 2008
Su último estreno confirma la tendencia de una de esas promesas jóvenes, amparadas por un cineasta reconocido –Robert Altman, a quien ha homenajeado con descaro y de cuya película póstuma, “El último show (A prairie home companion)” (2006) se dice que rodó algunas escenas– y que en breve trayectoria consigue el reconocimiento que otros persiguen durante décadas. No demasiado prolífico –compagina sus fastuosas producciones cinematográficas con pequeños cortos experimentales–, Paul Thomas Anderson es el ejemplo de cineasta esnob que puede presumir de libertad creativa y productiva al tiempo que se ampara en los mayores estudios y las más brillantes estrellas. Los resultados, chocantes historias íntimas que parecen bucear tanto en la naturaleza de los personajes como en la imagen prediseñada de los actores que los encarnan.

Desde su primer corto y acercamiento a la industria, “The Dirk Diggler story” (1988), ha demostrado un interés inaudito en una década de escasa incorrección política –los noventa– por los asuntos más escabrosos del mismo medio que le da de comer: la vida pecaminosa, insensible o poco envidiable de seres venidos a menos, fracasados o idiotizados a causa del fasto audiovisual. Si en esa carta de presentación ya abordaba la industria pornográfica, tema absoluto en la divertida y maestra “Boogie Nights” (1997), su segundo corto, “Cigarettes and coffee” (1993) –no confundir con el título intercambiado de Jim Jarmusch–, sirve de preludio al cruce de extraños en la icónica “Magnolia” (1999). Antes de ambas, una cinta a caballo entre Scorsese y Mike Figgis, “Sydney” (1996), donde ya aparecían astros tan poco propios de un cine intangible como Samuel L. Jackson o Gwyneth Paltrow, y posteriores fetiches que, por fortuna, no han renunciado a las producciones difíciles, como Philip Seymour Hoffman.

Gracias a la disponibilidad de mayores medios, Anderson amplía y completa su visión de Dirk Diggler en el susodicho biopic de una estrella del porno, que en su escabrosidad no escondía tanto afán polemizador como los primeros anti-destellos del cuarto oscuro que significó “Magnolia”, coloso de una calidad quizá demasiado evidente, pero que lo encumbró en la Berlinale y en el prestigioso sello de las nominaciones al Oscar®. Luego vendría otro Paul –Haggis– a apropiarse de esa gloria sólo rozada con la imitativa en varios aspectos y en todos ellos facilona y sonrojante “Crash” (2004). Su siguiente estreno, “Punch-Drunk love” (2002), fue una preciosa mirada colorista al mundo de los perdedores. La palma de oro en Cannes no ayudó a evitar el total desapercibimiento entre parte de crítica y público, quizá por el regusto amargo de un romance peculiar –Adam Sandler y Emily Watson–, en el que cada ñoñería romántica se interrumpe por la entrada abrupta de otro género cinematográfico –de nuevo Hoffman en papel de matón–, mientras el clímax feliz se atrasa y se atrasa…

La recompensa es tan ilusoria –y benévola con la pareja– como las formas abstractas de los créditos. De esta película extraería material extra para un corto, “Blossoms and Blood” (2003), en mitad de la preparación de otro título sangriento, su última “There will be blood” (2007). El descenso a las cloacas temáticas de Paul Thomas Anderson se acelera con la misma rapidez que asciende su reconocimiento internacional. ¿Demasiado continuo, demasiado pronto? Sea un auténtico yacimiento petrolífero o una engañosa filtración, por lo menos parece reservar talento y enigmas suficientes para seguir adelante. Llamar a los gemelos Sunday Paul y Thomas –son Paul y Eli– habría confirmado la doble personalidad oscura del director, que sólo nos ha revelado a medias, en vista de una sorpresa aún inconcebible o un definitivo fracaso al estilo Michael Cimino. Lo que está claro es que él prefiere la puerta del infierno.
En las imágenes: Fragmento del cartel de “Magnolia” - Copyright © 1999 Ghoulardi Film Company, New Line Cinema y The Magnolia Project. Todos los derechos reservados. Y Paul Thomas Anderson en el Festival de Toronto - Copyright © 2002 WireImage. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Boogie Nights” - Copyright © 1997 Ghoulardi Film Company, Lawrence Gordon Productions y New Line Cinema. Todos los derechos reservados. Y fotograma de “Punch-Drunk love” - Copyright © 2002 Revolution Studios, New Line Cinema y Ghoulardi Film Company. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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