Miércoles 20 Mayo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 20.05.09 a las 10:55
Archivado en: Actores y actrices, Anécdotas y curiosidades, Aventuras, Años 20, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine americano, Cine bélico, Cine europeo, Cine histórico, Cine mudo, Cine negro, Comedia, Documental, Drama, Fantástico, Hollywood, Personajes, Romance, Terror, Western
Ben Stiller vuelve a desenfundar la linterna, esta vez como celador nocturno del complejo museístico más grande del mundo: el Instituto Smithsoniano de Washington D.C., una institución fundada en el siglo XIX que presume de un ingente catálogo histórico abierto a la curiosidad de cualquier ciudadano norteamericano, primera enmienda en ristre. De Nueva York a la capital política del país, Stiller se acompaña de litros de cafeína y de sus antiguos compadres de “Noche en el museo” (Shawn Levy, 2006) para aguantar la sacrificada tarea de llevar el orden a otra de esas pinacotecas que tanto gustan en Estados Unidos, escaparates de figuras de cera y cartón piedra que viven a horas intempestivas lo que de día contemplan desde sus peanas sin gloria. Una resurrección que también posee mucho de cinematográfico y de iconos que, vigile Stiller o no, merecerían un museo para ellos solos.

El esqueleto de dinosaurio: “La fiera de mi niña” (Howard Hawks, 1938). David Huxley (Cary Grant) no era perseguido por un tiranosaurio fosilizado con peor despertar que un carnívoro en “Parque Jurásico” (Steven Spielberg, 1993) a dieta caprina, pero el volante para el cardiólogo lo tenía asegurado con la irrupción de Susan Vance (Katharine Hepburn) en sus hasta el momento ordenadas vida… y ristra de huesos de brontosaurio. Si un vago de Brooklyn como Larry Daley (Stiller) no está acostumbrado a correr mil metros lisos en su primera noche de trabajo, un paleontólogo con el espíritu aventurero de un patoaventuras en blanco y negro se merece las sacudidas del genio de Howard Hawks, las dentelladas de un leopardo tan felino como su dueña y los temblores de un esqueleto que se viene abajo en una metáfora de su artítrica rutina. Desoyó el aviso: no arrancar costillas antes de la medianoche. Leer más »
Miércoles 12 Marzo 2008
Resulta curioso que una película dispuesta a cuestionar la visión nostálgica de los viejos tiempos se haya convertido en objeto de culto para una generación poco gustosa en admirar el pasado. El hecho de viajar a un tiempo añejo es para el joven Marty McFly (Michael J. Fox) fuente de vicisitudes indeseadas, encuentros morbosos y estrés in crescendo: su máximo deseo es volver al presente –de ahí la connotación del título, que adquiere otro sentido en la segunda parte–. La década de los cincuenta en la que se ven atrapados él y su genial amigo inventor Emmett Brown (Christopher Lloyd) se muestra como una pantalla televisiva que reproduce una y otra vez la misma horripilante sitcom familiar –preponderancia de los interiores, los travellings en las típicas avenidas y los escenarios reconocibles: la cafetería de costa oeste, el baile de instituto–. Anticipándose a la bastante lacrimógena “Pleasantville” (1998), “Regreso al futuro” (1985) inició un recorrido complejo, bucles espacio-temporales mediantes, discurso entretenido, vivaz y único sobre el frecuente acto referencial del cine y la sociedad.

Frente a, por ejemplo, el ejercicio musical de George Lucas en “American Graffiti” (1973) –cuya Industrial Light&Magic participa en esta producción–, el director Robert Zemeckis –del cual me declaro poco entusiasta– cuestiona con ironía ese mal hábito de apoyarse en el hombro ajeno, una hilera que, por otra parte, recorre la totalidad de la Historia del cine. Ronald Reagan aparece en algún televisor, la madre se enamora del hijo, el hijo ejerce de celestino por puro instinto de superviviente –lo cual se opone a la estructura hogareña básica de la clase media estadounidense–, el ritmo rockero interrumpe el bailarpegados, un coche DeLorean sirve para alcanzar hiperbólicas velocidades y, herejía de herejías, el objeto del delito es una guía de resultados deportivos, pilar básico de la cultura norteamericana. Una rebeldía lúdica y lúcida que declara la construcción propia de un cine determinado por inevitables genes, pero no por ello menos cuestionables: lo demuestran las inumerables teorías y paradojas que espectadores siguen planteando en toda la saga. Al margen de la coherencia estructural, que aguanta muy bien el tipo, la primera entrega de esta trilogía no concebida inicialmente como tal se fundamenta también en una subsidiaria idea de amor.

Tema estrella desde tiempos pretéritos, el mismo motivo debía aparecer y replantearse –siempre desde un punto de vista argumental– en esta crítica al convencionalismo. Y es que Marty tendrá el poder para regresar al presente –o al futuro, se entiende– cuando logre manejar el carácter imprevisible del amor que su madre adolescente siente por él, el sentimiento que esas teleseries clásicas mostraban como accesible, cotidiano, normal. Tampoco es casual, pues, que esta gran hazaña pase inadvertida ante los ojos de su propia novia, Jennifer (Claudia Wells), a quien, como representante moderna, sólo le interesa avanzar hacia el futuro. El enorme reloj que rige el tiempo dramático y fílmico es al mismo tiempo identificativo de la fugacidad de los actos de sus protagonistas: desde el amor variable a la dilatación de las fronteras entre décadas estilísticas. Las que espectadores contemporáneos eliminan para revisar una película que sufre su particular bucle espacio-tiempo: nuevo clásico que se rió de esa etiqueta, pieza de memoria que renegaba de las asociaciones sociales y tranquilizadora comedia que manejaba la perversa idea de transformarse a sí misma en lo odiado, en esa estampa perfecta de familia idílica. Quien ve “Regreso al futuro” se olvida de esa actitud nostálgica que, de algún modo, defendía un cine presente. Pero nada ilógico, porque el amor por el cine, como entre personajes, es capaz de salvar cualquier abismo espacio-temporal. El sarcasmo hecho profecía.
En las imágenes: Fotogramas de “Regreso al futuro” - Copyright © 1985 Amblin Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.
Miércoles 5 Diciembre 2007
Durante estas semanas se ha hablado largo y tendido –también aquí– de los aniversarios estrella del año: las 65 primaveras de “Casablanca” (1942) y las 25 de “E.T.” (1982) –aunque con el aberrante redoblaje en español de 2002 parecía ya una vieja de 85–. Pero, ¿qué es de las otras películas que también celebran su 65 cumpleaños y aún están a la espera de una celebración digna?

“Bambi” tendría que apagar sus velas –o un incendio forestal– con esa cornamenta que se le habrá puesto después de tanto tiempo. Más animales, o algo parecido: “El cisne negro”, de cuyo director, Henry King, también se celebraban este año 25 años desde su fallecimiento. Y la maravillosa “La mujer pantera”, de la que hablábamos días atrás, junto a su revisión “El beso de la pantera” (1982). No sólo Bogie luchó contra los nazies, Errol Flynn y ¡Ronald Reagan! le echaron más agallas en “Desperate journey”, de Raoul Walsh, además de “La señora Miniver”, tostón de William Wyler que sin embargo encandiló a los patriotas de la época, y la joya “Ser o no ser”, de Lubitsch. David Lean daba sus primeros pasos con “Sangre, sudor y lágrimas”, y John Huston sorprendía con ese drama tan divertido que es “Como ella sola” –la mala baba de Bette Davis nunca defrauda–.
Fred Zinnemann, antes de prepararse para la misma guerra en “De aquí a la eternidad” (1953), firmaba “Eyes in the night” , una de esas pequeñas cintas de misterio rodadas en barrios artificiales, eso sí, con subtrama nazi. Más intriga, sin tintes políticos, en la hitchcockiana “Sabotaje” y la archifamosa obra de Hammett “La llave de cristal”. La comedia la trajeron “Todos besaron a la novia”, de los guaperas Joan Crawford-Melvyn Douglas, “Me casé con una bruja”, mucho mejor con la sibilina Veronika Lake que la psicodélica versión de 1958 con James Stewart y Kim Novak; el casi debut en la dirección de Billy Wilder, la divertida “El mayor y la menor”, y la parodia de los espionajes nazis en “Invisible agent”, con Peter Lorre. Y, sí, también cumplen 65 años las navideñas “El hombre que vino a cenar” y “Holiday Inn”… ¿Estaremos predestinados a verlas en Nochebuena? Aún así debemos reconocer en 1942 un buen año… ¿Sería igual de buena la cosecha que acompañó a ”E.T.” en 1982?
En las imágenes: Fotogramas de “La señora Miniver” - Copyright © 1942 Loew’s y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. “Bambi 2″ - Copyright © 2006 DisneyToon Studios y Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados. “Ser o no ser” - Copyright © 1942 Romaine Film Corporation. Todos los derechos reservados. “El mayor y la menor” - Copyright © 1942 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “La llave de cristal” - Copyright © 1942 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Holiday Inn” - Copyright © 1942 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
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La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
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cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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