Martes 20 Enero 2009
El mito del otro ha alimentado la imaginación del público desde los anales de la literatura hasta afianzarse en el cine como un argumento universalmente válido y flexible en cuanto al tipo de tono que puede aplicársele. Entendido casi siempre desde una perspectiva psicologista o sociológica, síntoma de los terrores específicos de cada época, el otro es la relectura del yo, el reflejo contrario, el ideal deseado, manifestación positiva o negativa, pero de consecuencias enajenantes; un juego sencillo de dos factores que, sin embargo, puede y debe convertirse en una fábula helicoidal donde se absorba cualquier racionalización del misterio. Como no existen límites a la expansión del autoengaño humano, tampoco los hay en el tratamiento de un tema antiguo y de actualidad: las suplantaciones de personalidad que han servido a la comedia, al terror y a la tragedia para continuar experimentándose a sí mismas.

«El otro se había puesto a silbar», escribió Borges en su cuento “El otro”, de 1975, y que relata el encuentro del autor, ya anciano, con su doble de juventud. Una melodía silbada sirve para tender un puente de auxilio, como le explicaba Lauren Bacall a Humprey Bogart en “Tener y no tener” (1944), y la realidad y el sueño se dan la mano con propiedades lenitivas para quien invoca el conjuro. Ése es el punto de partida de “El otro” (2007), película de Ariel Rotter que, a pesar de los galardones recibidos en el Festival de Berlín, se estrena en nuestro país con dos años de retraso. En ella, el protagonista Juan Desouza (Julio Chávez) reemplaza la personalidad de su compañero de viaje, aparentemente muerto, y arranca el desarrollo de la versión liberadora del mito del otro. Esta vertiente, típica de los dominios de la comedia —habría que retrotraerse a la Antigua Grecia, al estereotipo del Sosias y a la obra teatral “Anfitrión”, de Plauto—, supone para el personaje una liberación del inconsciente, la posibilidad de dejarse llevar por el encantamiento de una melodía silbada y probar otras muchas vidas, ajenas a la vegetada hasta ahora… Leer más »
Martes 8 Enero 2008
Oculto por todos los grandes para quienes trabajó o cuyos éxitos se le cruzaron como referentes que enturbiaban sus propios logros, Preston Sturges pocas veces resuena al invocar los parabienes de la comedia clásica. Su nombre aparece cada vez más en las filmografías selectas y en las comparaciones del humor actual: entre elegante y popular, no fue un Lubitsch ni tampoco del todo un Wilder, como si quisiera apropiarse de un poco de ambos sin renunciar a ningún recurso efectivo, amando la comedia por encima de lo demás sin pretensión de escindirla del inevitable drama. Aunque es poseedor de algunas historias locas cercanas a la screwball, su espíritu benévolo le servía para raspar en algo menos amable, en la cara aburrida de la alta sociedad y en un sentido vital que el personaje de turno hallaba en lo que mejor sabía hacer, fuese igual o peor a lo deseado.

En el caso de “Los viajes de Sullivan” (1941), Sully (Joel McCrea) emprendía el lado oscuro de las odiseas por yermas tierras estadounidenses. Transportado a un mundo rural que nada tiene que ver con la solución rápida de las limusinas de la gran ciudad, este director de películas blanditas comienza a gastar suela… y alma. Sturges fabulaba con fina ironía y deliciosa melancolía acerca de la banalidad de su oficio y la prepotencia del narrador que, gracias a su supuesto don, se cree en el derecho de acceder a todas las realidades como su legítimo dueño. El esplendor de la industria hollywoodiense había ensuciado hasta ahora la mirada de un cineasta que sólo podía rodar desde la técnica y el manual de guionista. El proyecto que Sully lleva en mente sobre una película de los menos favorecidos –“O Brother, where art thou?”, título que los hermanos Coen aprovecharían para su relectura del mito odiseico y del acto de narrar en sí, lo que, unida a Sturges, la hace el doble de rica e interesante–; dicha perspectiva de romper con un tema nuevo su propio estereotipo de director predecible le lleva a conocer el territorio transfronterizo de las cámaras y las pantallas, el dolor y la miseria que no habría reflejado correctamente en su obra sin haberlos experimentado antes.

Aunque realista, a Sturges no se le escapa que su tarea es un privilegio y que el sentido de las cosas podía encontrarse allá donde estuviese uno: Sully, adormecido y desesperado, acude a una sesión de cine donde, para su sorpresa, todos los campesinos que antes sufrían y malvivían empiezan a reírse, carcajadas a las que él termina sumándose para recuperar su identidad y su sueño. Bien es cierto que el director sólo abandonaba su status por un breve tiempo, pronto rescatado por sus productores y los cálidos brazos de Veronica Lake, pero el período suficiente para hacer del más breve trayecto el más largo viaje. La reconciliación con la pantalla y con uno mismo, pues, protagonistas o autores, cada uno termina aceptando que actuar y crear son actos bien parecidos, como lo son, a veces, la vida y el cine.
En las imágenes: Fotogramas de “Los viajes de Sullivan” - Copyright © 1941 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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