Sábado 30 Mayo 2009
La urbe también comienza la operación biquini y por sus entrañas discurren las digestiones de una dieta escueta y homogénea: los miles de usuarios adultos de metro que se avergonzaban de leer Harry Potter forrándolo con papel de periódico, hace meses que sacan del bolso como un trofeo algún volumen de la trilogía “Millennium” de Stieg Larsson. Todas las cubiertas visten de negro y todos se tragan a empellones el tochazo, los puñados de verbos auxiliares, los informes informativos tan redundantes como ininteligibles, la levedad de una novela negra de baja calidad revestida del moderno aval de las sobrecubiertas de quita y pon con estratosféricas cifras de ventas, lectores y calorías impresas. Porque leyendo a Stieg Larson uno no engorda, uno pasa el trecho de estación a estación. Y si algún incauto nunca ha oído hablar del asunto, todas las miradas se elevarán hacia él con la intensidad de los villanos desquiciados, y empezará a pensar si no se ha equivocado de línea, si está en un error por entusiasmarse con la proximidad del verano y no con el perpetuo invierno sueco de ese milenio apocalíptico e informático.

El autor: Haya intercedido o no su fatal destino en el volumen de recaudaciones de la saga “Millennium”, lo cierto es que el repentino fallecimiento del escritor de un infarto, poco antes de que saliese a la luz la primera entrega, sólo favorece a los editores, que se ahorran los viajes de promoción internacional, las sesiones de fotos y la batalla por los porcentajes a cambio de apoyar las expectativas sobre el éxito del libro anterior. El filtro autobiográfico de las novelas —Larsson había trabajado durante años como reportero de investigación en “Expo”— se hace patente en el tono denuncia que sobrevuela las tramas y que encabeza cada capítulo de datos estadísticos; una narración superheroica acerca de un periodista concienciado con los abusos económicos y las lacras sociales de su avanzado país. En el nuestro ya se han editado las dos primeras partes, “Los hombres que no amaban a las mujeres” y “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, y en pocas semanas “La reina en el palacio de las corrientes de aire” cerrará el ciclo y alentará las apuestas acerca de la pervivencia de la fiebre Larsson, especialmente ante la imposibilidad de que se publiquen nuevas obras suyas. Leer más »
Jueves 23 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 23.04.09 a las 10:34
Archivado en: Acción, Anécdotas y curiosidades, Aventuras, Años 30, Años 40, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine español, Cine europeo, Comedia, Drama, Escenas, Fantástico, Hollywood, Thriller
Edén de quienes desean hacer carrera internacional, reducto del saber, de las bibliotecas centenarias y de las aulas vacías de perezosos, quimera universitaria reservada a los expedientes más brillantes y a una española como Natalia (Amaia Salamanca)… y a su tropa de admiradores con poco interés en aprovechar el privilegio académico que supone colarse en Oxford. La apariencia intocable y serena de la institución británica se vendrá abajo con la “Fuga de cerebros” perpetrada por Fernando González Molina, aunque antes de este grupo de españolitos otros tantos personajes han escarbado poco a poco los muros intocables de Oxford y de sus variadas instalaciones.

Los tejados: “La brújula dorada” (Chris Weitz, 2007). El primer panorama en avistarse cuando el turista o novato se encamina hacia los portones de Oxford aparece surcado por pináculos y torrecillas. El estático verticalismo de las azoteas que decoran tan magnos edificios sólo pierde su compostura con el movimiento de las nubes y de un par de pilluelos que se apuestan la crisma. Lyra Belacqua (Dakota Blue Richards) y su compinche Roger (Ben Walker) se encaramaban a las tejas para contemplar los dominios de un hogar paralelo a nuestro mundo. Un Oxford ficticio dividido en los imaginarios college Gabriel, Jordan, St Michael’s y St Sophia’s, si bien el rodaje se desarrolló en los muy reales Radcliffe Square, Christ Church y Exeter College. En el primer volumen de “La materia oscura” de Philip Pullman, adaptado en esta cinta sin visos de continuación, Lyra y Roger también visitaban las bodegas universitarias para pegarse una buena borrachera, pero la corrección de la categoría PG-13 impuso eliminar la escena y que Lyra rechazase con gesto torcido una copa de vino durante la cena. Leer más »
Domingo 1 Febrero 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 01.02.09 a las 15:55
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 40, Años 60, Años 70, Cine erótico, Comedia, Hollywood, Musical, Romance, Terror, Western
En “La calumnia” (1961, William Wyler), las profesoras interpretadas por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine sufrían el perjurio de una alumna resentida, hasta el punto de que la mentira terminaba asfixiándolas como una culpa auténtica. El revoloteo de la culpa sobre las conciencias y los conflictos de centenares de películas se debe, en gran medida, a la influencia de posos culturales católicos; tema que repite, como una variación religiosa de la cinta de Wyler, el dramaturgo y director John Patrick Shanley en “La duda” (2008). Protagonista de cintas conformistas o críticas con su credo, la Iglesia no se ha limitado a dejarse magrear por los estudios y cineastas de turno, y la influencia de la culpa alcanza más allá de lo expuesto en pantalla: desde el Vaticano e instituciones fundadas específicamente para el control del cine se han levantado voces en contra de algo tan inofensivo como un par de rollos de celuloide, siendo los casos más sonados “El código Da Vinci” (2006) y “La brújula dorada” (2007). Tan famosos por su adicción a la moralina y el dictamen axiomático como la propia Iglesia, Estados Unidos acunó en su mismo regazo al bebé y a la estricta niñera: Hollywood y sus pasillos abarrotados de starlettes frente a la acera que hasta ahora siempre había ocupado la compostura. La Liga Nacional de Decencia, creada en 1933 por un grupo de obispos apostólicos, protestantes y judíos, se propuso burocratizar los actos de censura que hasta el momento habían practicado sobre todas las artes con relativo éxito.

Sustentada por la existencia de otra oficina secular, regida por el Código Hays de 1930 u Oficina Breen —nombre que ahora suena a broma para un trekie—, los altos cargos eclesiásticos podían camuflar su tiranía tras un escudo tan cobarde como que se trataba de una práctica generalizada. Sin embargo, mientras los productores debían lidiar con las reglas Hays desde la misma concepción de un proyecto, la Liga de Decencia se mantuvo en una acción a posteriori, empleando un sistema de calificaciones para indicar a sus fieles lo que aguardaba en la sala. El baremo incluía: A (moralmente aceptable), B (moralmente dudosa) y C (condenada). En 1966, la conversión de la Liga en la Oficina de Obispos Católicos para el Cine y los Audiovisuales conllevó asimismo nuevas etiquetas en las que la terrible C fue suavizada por una O (moralmente ofensiva), aunque los criterios apenas variaron —como tampoco a día de hoy—: desnudos —incluso una madre dando el pecho a su hijo—, drogas, sexo pre o extramarital, racismo, violencia, aborto, homosexualidad, eutanasia, suicidio y rechazo de valores judeocristianos. Algunas películas llevan colgada una O por obvias —lo que ellos denominan porno tortura—, aunque en la cartelera pueden hallarse sorpresas. A continuación veremos cinco ejemplos de títulos condenados que el trío protagonista de “La duda” desde luego no han visto.
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Jueves 3 Julio 2008
La cotidianidad es esa esfera rotatoria que ya no puede depararnos ninguna sorpresa, de ahí que las historias dadas al escapismo empleen objetos corrientes y molientes como portal a esos fantabulosos universos paralelos. Una chimenea en “Harry Potter”, un pomo en “La bruja novata” (1971), una fuente en “Encantada: La historia de Giselle” (2007), una cuerda en “Un puente hacia Terabithia” (2007) o un armario en “Monstruos S.A.” (2001) y la primera entrega de “Las crónicas de Narnia” (2005), que ahora se complementa en “El príncipe Caspian” (2008) con una estación ferroviaria. Pero eso de alcanzar enormes velocidades para dar el salto a otra dimensión espaciotemporal ya lo habíamos visto en “Regreso al futuro III” (1990) y su tren volador a punto de desmaterializarse o morir en el precipicio más cercano. Y los niños equipados de visiones imaginativas quedaron, de algún modo, atrapados para siempre en su utopía anti-adulta, gracias a películas que pretendían la metáfora de la madurez o la celebración de la inocencia —o, para qué engañarnos, también la ñoñería más insulsa—.

Fue James M. Barrie quien asentó el mito con su trilogía de novelas y obras teatrales sobre Peter Pan, Wendy y los Niños Perdidos, y el cine la ha reconvertido en animación y carne y hueso —la fallida “Hook” (1991), de Spielberg, una nada desdeñable versión de P.J. Hogan, pese a lo que pueda indicar su director, y el manierista biopic “Descubriendo Nunca Jamás” (2004), que lanzaba encadenados visuales entre la realidad londinense y la imaginería del escritor—. Tras ellos, un cortejo de imberbes suicidas se ha sumado a lanzarse por el ventanal, hacia estrellas que sólo ellos alcanzan: Sebastian en “La historia interminable” (1984) —esa adaptación que todo el mundo parece haber borrado de su memoria juvenil—, Dorothy en “El Mago de Oz” (1939) —y su inquietante secuela oficial, “Oz, un mundo fantástico” (1985), producto que a pocas luces podemos creer que permitiese la Disney—. Leer más »
Pagina nueva 1

Martes 8 Enero 2008
Antes de que el archiconocido y no menos copiado Sherlock Holmes se enganchase a la heroína y su compañero Watson buscase novia desesperadamente, era el detective quien enamoraba a las chicas y el doctor el que mantenía una secreta relación obsesiva… con el azúcar. Imaginar la infancia de personajes ilustres y ficticios supone siempre un divertido ejercicio que, las más de las veces, poco tendría que ver con la realidad. Bien es sabido que al número 221B de Baker Street no llegó el doctor Watson hasta entrado en años y al regreso de sus participaciones militares, momento en que brotó esa insana e interesada amistad con el detective. Sólo la mente infantiloide de Chris Columbus podía imaginar una convivencia en elitista internado londinense, y no por otra casualidad fue el director escogido para el primer Harry Potter, historia con la que “El secreto de la pirámide” (1985) mantiene muchos nexos en común.
Las coincidencias nos revelan la escasa originalidad de las modas más recientes, pues los rituales que celebran los villanos en la susodicha pirámide sirven de precedente para las aventuras egiptólogas de “The Mummy (La momia)” (1999) y las paranoias del subgénero fanático, tipo “El código Da Vinci” (2006), amén de la recuperación para este año de la saga de Indiana Jones. El encanto de la película de Barry Levinson trasciende las limitaciones de su escasa trascendencia, y le basta con mantener la frescura para el público juvenil gracias a sus efectos especiales –los más torpes, los más entrañables– y la introducción a un mundo de misterios que sobre papel no es tan fácil de leer como aparenta. En lugar de asesinos en serie, prostitutas de Whitechapel, embaucadores, ladrones o farsantes, Sherlock (Nicholas Rowe) debía enfrentarse a la raíz del problema: el mal en una casa donde no es bienvenido y que le reportará soledad de por vida, sobre todo en lo concerniente a la dulce Elizabeth (Sophie Ward) y su trágico destino.
En este crecimiento sentimental más que profesional, pues el brillante joven parecía disponer ya de todas las armas del raciocinio y la lógica, las pruebas lo oponían a lo inexplicable: vidrieras que cobran vida, cenas criminales o frigoríficos con mala baba, luchas en las que el falso «Elemental» no surgía con la rapidez deseada. De alguna forma, ésta es una película triste, un acta que, al contrario de otras cintas generacionales, va disolviendo sus ilusiones hasta el cruel momento de la madurez, cuando el tener enemigos deja de ser un juego –impagable perla tras los créditos de cierre– y lo que antes divertía ahora debe emplearse como simple medio de subsistencia. No era igual la fama de los corredores colegiales que la de las portadas periodísticas, y antes de jugar al Cluedo doméstico deberías haber tenido en cuenta esa deducción elemental, querido Holmes.
En las imágenes: Fotogramas de “El secreto de la pirámide” - Copyright © 1985 Amblin Entertainment, Industrial Light&Magic (ILM) y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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