Viernes 29 Mayo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 29.05.09 a las 10:26
Archivado en: Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine europeo, Cine independiente, Comedia, Documental, Drama, Hollywood, Musical, Personajes, Romance
Su vinculación con Alfred Hitchcock es nula, pero sustrajo de su filmografía el título de “Notorious” para recalcar una condición de estrella que finalmente recibe el epitafio de los más grandes: un biopic hecho por y para fans, con invitación extensible a no iniciados. The Notorious B.I.G. (Jamal Woolard) recicló su pasado callejero y su afición por las drogas en un álbum de gangsta rap que vio la luz en 1994, tres años antes de que fuese acribillado a balazos por un detractor aún hoy desconocido. Su segundo disco póstumo avivó la leyenda de uno de los más importantes impulsores del rap en la Costa Este y las neuronas olfativas de productores con una imagen en el horizonte: hileras de devotos pasando por caja para deleitarse en pantalla grande con esos conciertos a los que ya nunca podrán asistir. Y después, pasar también por la caja del centro comercial con un ejemplar de la banda sonora. Así es la vida —en ciertos casos, la definitiva muerte comercial— de los reyes musicales dentro del cine.

Los reyes del blues: The Blues Brothers en “Granujas a todo ritmo” (John Landis, 1980). Una fake band nacida en la preciada e inagotable cantera del Saturday Night Live con el privilegio de que toda una generación la rememore como un imprescindible icono musical de los últimos setenta. Dan Aykroyd y John Belusi hicieron del traje negro y las gafas de sol una segunda piel antes que un arrebato de fashion victim, adelantándose a reservoir dogs varios, para montar los sketches de los hermanos Elwood y Jake. En 1978 llevaron de los platós a las listas de éxitos su primer disco, “Briefcase full of blues”, un apetitoso compilatorio que tuvo su consecuencia natural en el film de Landis, mezcla de buena música, divertimento y participaciones de altura, como las de Ray Charles, Aretha Franklin y James Brown. Casi veinte años después, en amago mosquetero, la banda volvió a reunirse en “El ritmo continúa” (1998), aunque ni ellos ni el director repitieron inspiración.
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Martes 24 Marzo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 24.03.09 a las 13:14
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 90, Comedia, Drama, Escenas, Hollywood, Musical, Personajes, Romance
Invierte la media hora (larga) del café en arramblar mercancía de pasarela en liquidación y no puede acudir a una entrevista de trabajo sin un foulard nuevo. Hasta aquí nada sorprendente en el ámbito funcionarial y en los secretos inconfesos de varias empresarias. El problema se agrava si, como Rebecca Bloomwood (Isla Fisher), tiene una deuda de cinco dígitos y se enamora de un hombre porque ambos “hablan Prada”. “Confesiones de una compradora compulsiva” (P.J. Hogan, 2008) satiriza sobre el tema con un gusto puesto en entredicho por una horda de críticos ofendidos y, según se desluce de sus textos, más concienciados con el panorama financiero mundial que con los gajes de su oficio. De la tarde de compras de Julia Roberts y Richard Gere en “Pretty Woman” (Garry Marshall, 1990) al periodismo prêt-à-porter de “El diablo viste de Prada” (David Frankel, 2006), la ligereza y la ropa son sinónimos en la misma entrada del chick flick.

En la neoyorquina “The Village Voice” han llegado a definir la película como «un gesto escandaloso y obsceno mientras la economía continúa tragándose medios de subsistencia, hogares y esperanzas». Otros, más benévolos, comparan a la crecidita Fisher —vista de secundaria en “Scooby-Doo” (Raja Gosnell, 2002), “Extrañas coincidencias” (David O. Russell, 2004) o “Definitivamente, quizás” (Adam Brooks, 2008)— con la reina de la screwball Carole Lombard. Quien escribió tan generoso como hiperbólico símil tal vez tenía en mente la frívola desesperación de la actriz por pescar a un rico heredero en “Candidata a millonaria” (Mitchell Leisen, 1935), pero lo cierto es que ninguna señorita de la comedia ha podido prescindir de un nutrido guardarropa —mejor aún si lo había rellenado Edith Head o Adrian—, así como determinados personajes han recurrido a la ayuda de una prenda de vestir para salir del apuro o provocarlo sin consciencia. La moda sale del armario. Leer más »
Viernes 5 Diciembre 2008
Hay personas que mueven el mundo, nombres que pasan a la historia de la humanidad porque son ellos quienes la forjan y cambian sus rumbos por siempre. Son figuras excepcionales capaces de mover ejércitos bajo su mando, de embarcarlos en empresas imposibles que significan sacrificio, entrega y muerte. La enormidad de estos tipos es tal que ni siquiera se pueden replantear en los términos analíticos de su ego, porque trascienden todos ellos y se configuran como los hombres que más cerca estuvieron de ser dioses en la Tierra, hombres que ostentaban poderes e imperios inimaginables y cuyos actos, que en ocasiones podían incluir masacres infundadas, se creían por encima del bien y del mal.

El cine encontró en ellos una magnífica fuente de inspiración y algunos de los mayores desafíos a los que jamás se iba a enfrentar. “Mongol” es el último ejemplo de esa estirpe centrada en figuras únicas por las increíbles historias que las envuelven, relatos en los que uno acude a sabiendas que va a contemplar toda la magnificencia del cinematógrafo desplegada ante nosotros. El biopic de Genghis Khan era una cuenta pendiente que saldar con uno de los más grandes conquistadores de la historia. A caballo entre el siglo XII y el XIII, Genghis Khan dominó uno de los imperios más vastos que ha contemplado el mundo, lo cual le iba a convertir en objetivo potencial de un arte que aún tardaría siglos por venir, pero que habría de tratarle con la majestuosidad y el despliegue de medios que la película de Sergei Bodrov ha dispuesto. Esta superproducción realizada con los esfuerzos de Rusia, Alemania, Suiza, Kazajistán y Mongolia llega a nuestras carteleras para contarnos la historia del emperador mongol, desde su niñez hasta su alzamiento e iniciación del imperio. Es cine épico con mayúsculas, un cine cuyo campo de batalla con la crítica suele encontrarse en sus más y sus menos con la fidelidad histórica, cuyas fronteras con esta se diluyen en pos de la épica y la leyenda. Pero un cine que, en cualquier caso, ofrece un espectáculo inigualable ante nuestros ojos. Leer más »
Lunes 28 Enero 2008
Parece que nos ponemos frívolos, pero hablar del vestuario cinematográfico es tan relevante como hacerlo de la fotografía o de la banda sonora –el problema surge cuando el juicio de una película se absolutiza en alguno de esos elementos destacados o bien se extrapolan del todo fílmico: de nada sirven una bonita luz, una pegadiza melodía o un admirable vestido si no contribuyen a la historia–. Tras la selección elaborada por una famosa revista estadounidense, el podio de los personajes femeninos mejor vestidos se nutre de tópicos imperecederos y propuestas más rupturistas que, en realidad, sólo responden a corrientes de moda que pasarán más veloces que el gusto por los tamagochi –¿todavía fabrican de eso?–. No extraña, pues, encontrar a Audrey Hepburn y su incondicional Givenchy en “Desayuno con diamantes” (1961), Marilyn Monroe y su merengue de gasa en “La tentación vive arriba” (1955) –cuidadín: vestido de similares hechuras y movimientos ya apareció durante un número musical de “La pícara puritana” (1937)–, o Vivien Leigh y las cortinas de terciopelo verde que recicla para visitar a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó” (1939).

Como enunciar a estas damas es como recitar la tabla del dos, las esnobs del estilismo han añadido a Diane Keaton en “Annie Hall” (1977) u Olivia Newton-John en “Grease” (1978) , pero, por mucho revival setentero que vivan las tiendas de ropa, me gustaría verlas por la calle con las pintas del “You’re the one that I want” sin parecer una pilingui de “Los Soprano”. Lo mismo sucede con Liza Minnelli en “Cabaret” (1972) cuando desde estas mismas publicaciones se ataca con dentelladas lobunas a toda actriz que se le ocurra pasearse por una alfombra roja a lo años veinte. Esta hipocresía de las formas lleva a que las elecciones de vestidos modernos se correspondan únicamente con cintas de época: Kate Winslet en “Titanic” (1997), Cate Blanchett en “Elizabeth: La Edad de Oro” (2007), Nicole Kidman en “Moulin Rouge” (2001) –que se ha colado a lo tonto, porque su cortesana debería estar en una lista de las mejor casi-vestidas, pero es que aquel collar de Canturi resultaba irresistible– y, encabezando la lista contra todo pronóstico, Keira Knightley en “Expiación” (2007) –justo es reconocer que el vestido verde de moaré que luce en la fiesta es deslumbrante, pero se pasea colgado en una desgarbada percha–.
Quizá antes no se concebían estos listados porque las actrices siempre intentaban lucir lo mejor posible y ahora, en estos tiempos de indecisión y mestizaje, se vuelve necesario un criterio de jerarquización, irónicamente repleto de referencias nostálgicas que confirman la indefinida personalidad presente. Los nuevos gurús de la moda alimentan estos criterios que sopesan la tela antes que el movimiento, como si estos vestidos ya no se paseasen por escenas de celuloide y se irguiesen inermes tras las vitrinas de una casa de subastas. Además, lo de ir bien vestido parece relativo en la función cinematográfica: ¿acaso no iba perfecta Greta Garbo en “Ninotchka” (1939) con aquel sombrero que hoy nos resulta espantoso? ¿Y por qué no rebuscar en el fondo del armario esos trajes que se quedaron fuera de la típica y autoritaria escala de diez?
Así, a bote pronto, recuerdo el vestido negro de Bette Davis en “La loba” (1941), la capucha de Kim Basinger en “L.A. Confidential” (1997), el frondoso Givenchy de Audrey en “Sabrina” (1954), los circenses ruedos de Deborah Kerr en “El rey y yo” (1956), la camiseta publicitaria de Jean Seberg en “Al final de la escapada” (1960), los vaporosos cintura de avispa de Elizabeth Taylor en “La senda de los elefantes” (1954), el derby de “My fair lady” (1964), la ágil falda de Grace Kelly mientras se cuela en el apartamento de “La ventana indiscreta” (1954), los psicodélicos conjuntos de “Barbarella” (1968), el provocativo atuendo de Lara en el restaurante de “Doctor Zhivago” (1965), los estampados escoceses de “Brigadoon” (1954), el bermellón de Claudia Cardinale al correr por una casa vacía en “El gatopardo” (1963)…, y un largo etcétera ecléctico del que ojalá dispusiéramos para nuestras ocasiones diarias. ¿Para qué conformase con diez vestidos pudiendo lucir uno nuevo cada mañana?
En las imágenes: Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes” - Copyright © 1961 Jurow-Sheperd. Todos los derechos reservados. Keira Knightley en “Expiación: Más allá de la pasión” - Copyright © 2007 Working Title Films, Relativity Media y Studio Canal. Todos los derechos reservados. Marilyn Monroe en “La tentación vive arriba” - Copyright © 1955 Charles K. Feldman Group y Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Kate Winslet en “Titanic” - Copyright © 1997 Twentieth Century-Fox Film Corporation, Paramount Pictures y Lightstorm Entertainment. Todos los derechos reservados. Olivia Newton-John en “Grease” - Copyright © 1978 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Cate Blanchett en “Elizabeth: La edad de oro” - Copyright © 2007 Motion Picture ZETA Produktionsgesellschaft, Studio Canal y Working Title Films. Todos los derechos reservados. Deborah Kerr en “El rey y yo” - Copyright © 1956 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Nicole Kidman en “Moulin Rouge” - Copyright © 2001 Bazmark Films y Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Y Bette Davis en “La loba” - Copyright © 1941 The Samuel Goldwyn Company. Todos los derechos reservados.
Pagina nueva 1

Martes 22 Enero 2008
Cuando los platos destacados no provocan más que tímidos bostezos entre los comensales, al cocinero ya ni se le ocurre servir los aperitivos modestos y estará pensando en inmolarse por su fracaso, a lo Vatel. Vista la escasa repercusión cinematográfica de “Los tres mosqueteros” y “El conde de Monte Cristo”, las adaptaciones de novelas secundarias en el repertorio de Alexandre Dumas tampoco se han prodigado en número allende los mares, donde reina el título reconocible y el arquetipo identificable. Aunque la nacionalidad del escritor y la del cineasta que mejor lo ha leído no tienen por qué ser directamente proporcionales, en este caso tuvo que ser un francés, Patrice Chéreau, quien hiciera honor al tono dumasiano con “La reina Margot” (1994) –escrito ya adaptado en 1954 por Jean Dréville con Jeanne Moreau como protagonista–.
Inmersa en un metraje holgado que le hace honor, de ésos que causan escalofríos en los responsables de precipitados resúmenes hollywoodienses, esta historia de raíces reales, complots políticos determinados por la inclinación religiosa y distantes ambientaciones renacentistas, es un tapiz de obvios matices europeos, maravillosamente interpretada por Isabelle Adjani bajo la corona real, Daniel Auteil, Vincent Perez… ¡y hasta Miguel Bosé! Ejemplo –bastante repetido hoy en día– de cómo el continente es capaz de responder al imperio norteamericano con producciones de enorme calado técnico y artístico, casi siempre circunscritas a una tradición que se restriega contra la limitada Historia de los Estados Unidos –sin ir más lejos, el díptico de Shekhar Kapur sobre la reina inglesa “Elizabeth” (1998)–. Antes de este hito, un saco repleto de mediocres adaptaciones para la gran pantalla o para series más o menos alargadas sobre las novelas “Los amores de Lady Hamilton”, “El tulipán negro” –que tuvo una versión en 1964 con Alain Delon–, “Joseph Balsamo: Memorias de un médico” –versionada en “Cagliostro” (1949), donde aparecía Orson Welles–, “El caballero de Harmental”, “Los Mohicanos de París”, “La dama de Monsoreau” o “El caballero de la Casa Roja”; u obras de teatro como “Kean” o “La torre de Nesle” –que dirigió Abel Gance en 1955–.
Un apellido habitual en este recorrido, Fairbanks, si bien Jr., protagonizó en un doble papel –adelantándose a Leonardo DiCaprio– “Justicia corsa” (1941), basada en “Los hermanos Corsos”, en un arranque de conservación del espíritu paterno. Los demás nombres y acercamientos a la obra del autor francés se pierden en las brumas y ruidos visuales del protocine, aunque aún despunten estrellas como la arcana Theda Bara, encarnando a “Madame Du Barry” (1917). Testamento escueto para tan inmensa fortuna, si bien tendríamos que valorar igualmente los coletazos de Alexandre Dumas… hijo, y el impacto de “La dama de las camelias”, que tanta gracia y dolor ha provocado en el cine –desde “Margarita Gautier” (1936), importante por la portentosa interpretación de la Garbo en manos de un director de mujeres como Cukor, hasta un experimento tan disímil con el XIX como “Moulin Rouge” (2001)–. En el fondo, con tanta variopinta alternativa, si uno no se contenta es porque no quiere.
En las imágenes: Fotogramas de “La reina Margot” - Copyright © 1994 Renn Productions, France 2 Cinéma, D.A. Films, N.E.F. Filmproduktion und Vertriebs GmbH, Degeto Film, ARD, WMG Film, RCS Films & TV, Centre National de la Cinématographie (CNC), Canal+, Miramax Films y Eurimages. Todos los derechos reservados. “La reina Margot” - Copyright © 1954 Lux Compagnie Cinématographique de France, Films Vêndome y Lux Films. Todos los derechos reservados. “El tulipán negro” - Copyright © 1964 Flora Films, Mizar Films, Méditerranée Cinéma y Ágata Films. Todos los derechos reservados. “Madame Du Barry” - Copyright © 1917 Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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