Martes 7 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 07.04.09 a las 11:20
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine asiático, Cine histórico, Drama, Hollywood, Musical, Romance, Técnica
Si la semana anterior hubo una elevada cota de compras compulsivas, la nueva cinta de época en llegar a nuestras pantallas compensa su tardío estreno con una lectura en forma de réplica a las desventuras de Isla Fisher de tienda en tienda y a cualquier esperpento de siglo añejo que pretenda evadir del nuestro. “La duquesa” (Saul Dibb, 2008) retrata a la ídem de Devonshire, una mujer de sangre azul cuyo arrojo al inmiscurirse en asuntos políticos, dictados revolucionarios de moda y la vida privada de su marido se consideró ejemplar y reflectario de lo que más tarde coparía portadas amarillistas bajo el rótulo de Lady Di. Ese viaje doloroso y casi nunca catártico encuentra su máximo recordatorio en un gusto para la vestimenta que, mal que les pese a las personalidades públicas y a las costosas películas de época con aspiraciones elevadas, es recordado como un sello de calidad. Los últimos Oscar® al Mejor Vestuario para “Shakespeare in love” (John Madden, 1998), “María Antonieta” (Sofia Coppola, 2006), “Elizabeth: La Edad de Oro” (Shekhar Kapur, 2007) y “La duquesa” confirman esta tendencia a entronar el subgénero en el mundo de las apariencias. Georgiana de Devonshire (Keira Knightley) y estos diez clásicos se encargarán de romper el prejuicio, eso sí, sin perder ni un accesorio a juego.

1. “Cleopatra” (Joseph L. Mankiewicz, 1963), diseñado por Irene Sharaff, Vittorio Nino Novarese y Renié. La que se moldeó según los patrones de las más grandiosas coronas y que terminó siendo un lastre para Mankiewicz bien merece un puesto elevado por el centenario del cineasta y por el despliegue de oropeles y ostentaciones, como ya eterna definición de un vestuario de museo: 194.800 dólares para los 65 vestidos de Cleopatra, entre los que destacó el famoso revestimiento de oro de 24 quilates para el desfile. La irrealidad en los trajes, a cada escena más rocambolescos y recargados, bendijo la belleza de Elizabeth Taylor y la apostura de Rex Harrison —lo que era todo un mérito— y de Richard Burton —que no lo fue tanto—. Denostada por los expertos, la película se contentó con premios técnicos como este vestuario a magnífico technicolor, precedido por los éxitos de “Sansón y Dalila” (Cecil B. DeMille, 1949) y “La túnica sagrada” (Henry Koster, 1953). Desde 1949, año en que se creó la categoría, se habían otorgado dos estatuillas de vestuario: a cintas en color y blanco y negro. En 1958 la subdivisión se eliminaría para recuperarla en 1960 con otra década de vigencia. Leer más »
Miércoles 28 Enero 2009
En “Mal ejemplo”, Paul Rudd y Seann William Scott son la clase de tipos a los que no confiarías tus hijos. Inmaduros, gamberros e incorregibles, su última juerga les sale cara y les obliga a rendir cuentas ante la justicia: la cárcel o trabajo social. La segunda opción, por supuesto, acabará revelándose como una pesadilla en la que lidiar con chavales que les harán la vida imposible en esta comedia cuyo atractivo principal es la de reunir a dos actores de distinta vis cómica.

Si el nombre de Sean William Scott remite a la saga “American Pie” y otras teen movies de cariz igualmente gamberro, Paul Rudd ha alternado la comedia romántica con el cine más independiente e incluso el cine de acción de Hong Kong. Este actor nacido en Nueva Jersey en 1969, debutó en 1992 bajo el seudónimo de Kenny Chin en “A question of ethics”. A partir de entonces, sus intervenciones en la televisión, tanto en diversos telefilmes como en las series “Wild Oats” y “Sisters”, serían firmadas con su nombre completo: Paul Stephen Rudd. Su primer papel importante le llegaría con “Clueless: fuera de onda”, comedia teen inspirada en “Emma”, de Jane Austen, que gozó de éxito en su país y en la que compartió pantalla con Brittany Murphy o Alicia Silverstone. Poco después se dejó ver en “Halloween: La maldición de Michael Meyers”, sexta entrega de la saga en la que encarnaba a Tommy Doyle.
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Jueves 7 Febrero 2008
Llevo dándole vueltas al injusto centralismo que los vestidos de señora tienen en las listas de cine. ¿Qué pasa con los mejor vestidos, como si los actores no pudieran ir de punta en blanco? Cierto es que la moda rota con no pocas dosis de frivolidad en torno a la mujer y que sus posibilidades de indumentaria se extienden hacia el infinito de las faldas y vuelos que del sexo opuesto sólo se atreven a tocar escoceses y superhéroes. Pero cuando el diseñador/diseñadora de turno lo ha querido, los protagonistas de una escena vistosa no tenían nada que envidiar a sus compañeras femeninas. O si no midamos la aureola luminosa de Tyrone Power en la fiesta de “El filo de la navaja” (1946), el haz misterioso de Cary Grant paseándose por su villa en “Atrapa a un ladrón” (1955) o la desarreglada paciencia de Clark Gable esperando al autobús sobre una valla en “Sucedió una noche” (1934), y comparémoslos con el brillo de Gene Tierney, Grace Kelly o Claudette Colbert. Bah, ¿quién se acuerda de ellas? Estos atuendos varoniles no sólo se han ganado el puesto gracias a su estilismo rompedor, también continúan considerándose prototipos de lo que significa ir bien arreglado o simplemente vestido de determinada manera.
El tipo melancólico que se enfunda una gabardina debe remitirse a Humphrey Bogart –quien por lo general no era el maniquí más adecuado para lucir nada–, o a Gene Kelly con sombrero a juego mientras habla a los medios en “Cantando bajo la lluvia” (1952), y el bailarín puede imitar sus polos arremangados para dar brincos sin parecer un mono de feria. Los gladiadores no serían lo mismo sin “Espartaco” (1960) o los mantones de pieles de Russell Crowe en “Gladiator” (2000) –el chiste sobre la relación falditas metalizadas-homosexualidad ya está muy sobado desde “Aterriza como puedas” (1980) y a mí siempre me ha parecido que tiene un punto muy viril–. Un prejuicio similar al que sufre el pobre Errol Flynn, tan capacitado como estaba para llevar mallas o casacas sin perder el respeto de la amada –o quizá era un pacto de silencio, al fin y al cabo él tenía que aguantar interminables trenzas y corsés carcelarios–. Si se realizara un cómputo general, el traje o esmoquin aterrizaría en el peso cuantitativo y en algunos primeros puestos: aparte de los mencionados, cómo olvidar a todos los James Bond –bueno, a Pierce Brosnan me lo quitan si puede ser–.
Al dueto Paul Newman-Robert Redford en “El golpe” (1973) o “Dos hombres y un destino” (1969), en pleno pedaleo campestre; todos los invitados de los saraos de “El gran Gatsby” (1974), una hilera de “Los intocables de Eliot Ness” (1987) avanzando al frente, George Clooney tirando dados en cualquier casino de la trilogía Ocean, o, por qué no, ese impoluto Erich von Stroheim en “El crepúsculo de los dioses” (1950), fracción del entorno detallista que Norma Desmond deseaba aspirar al desperezarse por las mañanas. Claro que, y como ocurría en el caso de las actrices, eso de ir bien vestido no supone un obligado sinónimo de rectitud formal. A veces, y mucho más poderosas, un cierto desarreglo conlleva pautas de estilismo, iconos de creación y suspiros admirados con los que soñaría una sosa pajarita en fondo blanco. Blanco guarro, como el de las camisetas de Marlon Brando en “La ley del silencio” (1954) o “Un tranvía llamado deseo” (1951); la referencial cazadora roja de otro asilvestrado, James Dean, en “Rebelde sin causa” (1955), los uniformes caqui-polvo-barro del camino que difuminan a Indiana Jones, o los conjuntos no menos abandonados del grande de grandes, Steve McQueen, quien a bordo de una de sus motos gana la carrera de los nuevos retrosexuales, como Clive Owen –un aplauso para él en gabardina o capa pirata–.

Y que no se escapen de la lista los raros, los que por despreciar la tangente acaban marcando tendencia, como Al Pacino y aquellas divertidísimas y a la par dolorosas pintas de narco en “El precio del poder” (1983), o Peter O’Toole haciendo amago de amoldarse al desierto en “Lawrence de Arabia” (1962). Por supuesto, lo de insinuar lo llevan mucho peor, pero los ejemplos no desmerecen una renovada confianza: en pijama –Paul Newman y “La gata sobre el tejado de zinc” (1958), y con pata escayolada, ahí es nada en la victoria por seguir siendo sexy–, en bañador –reciente pero ya mítico Daniel Craig en “Casino Royale” (2006)– o en toalla –las que vistió como nadie el pato Donald a la salida de cada ducha–, el menos es más vale tanto para el espectador como para el ahorro del diseño de vestuario. Privilegiado oficio de cine, pues pueden coser sus sueños y colgarlos de la percha idónea sin que los desluzca un solo pliegue. Porque esa es otra: incluso sobre las telas y las situaciones extremas impera la triste máxima de que la arruga no es bella.
En las imágenes: Gene Tierney y Tyrone Power en “El filo de la navaja - Copyright © 1946 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Cary Grant en “Atrapa a un ladrón” - Copyright © 1955 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Clark Gable en “Sucedió una noche” - Copyright © 1934 Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Paul Newman y Robert Redford en “El golpe” - Copyright © 1973 Zanuck/Brown Productions y Universal Pictures. Todos los derechos reservados. James Dean en “Rebelde sin causa” - Copyright © 1955 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo” - Copyright © 1951 Charles K. Feldman Group y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. Al Pacino en “El precio del poder” - Copyright © 1983 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. Kevin Costner y Sean Connery en “Los intocables de Eliot Ness” - Copyright © 1987 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Y Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc” - Copyright © 1958 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y Avon Productions. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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