Jueves 7 Mayo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 07.05.09 a las 11:43
Archivado en: Actores y actrices, Años 30, Años 40, Años 50, Años 70, Años 80, Años 90, Cine europeo, Comedia, Drama, Hollywood, Romance
Harvey (Dustin Hoffman) es el personaje que se pasea entre las bambalinas de cualquier comedia romántica con bodorrio conclusivo: la perfección pastelosa del romance de su hija pasa a un segundo plano para presentar la cara menos amable —en principio— del amor adulto. La última oportunidad de Harvey atañe a su fracaso familiar, su trabajo acomodaticio y su falta de ilusión amorosa, algo que puede enmendar Kate (Emma Thompson) si ambos se desprenden de sus amarguras y corroboran eso de que “Nunca es tarde para enamorarse” (Joel Hopkins, 2008). Un Londres otoñal deshoja un flechazo que la pareja se toma con calma, en imitación a otros tórtolos desprevenidos que pensaron que los enamoramientos sólo se escribían en el cine para protagonistas sin arrugas.

“Breve encuentro” (David Lean, 1945). En un año de terrible transición histórica, las gentes ya no creían en alternativas maravillosas como el país de Oz y la realidad se mostraba más gris que sepia en las ciudades y las estaciones de tren. Hubo un suspiro, sin embargo, cuando Laura (Celia Johnson) y Alec (Trevor Howard) se conocieron en la ficticia parada de Milford y, cual andén 9¾, entraron en un mundo novedoso: filmar con buenos ojos la probabilidad de un adulterio. Insorteable cinta de amor a destiempo que Truffaut consideraba demasiado perfecta, este romance fugitivo sobre el sacrificio inspiró “El apartamento” (Billy Wilder, 1960) y una versión italiana de 1974, con Sophia Loren y Richard Burton como marchitos soñadores.
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Martes 7 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 07.04.09 a las 11:20
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine asiático, Cine histórico, Drama, Hollywood, Musical, Romance, Técnica
Si la semana anterior hubo una elevada cota de compras compulsivas, la nueva cinta de época en llegar a nuestras pantallas compensa su tardío estreno con una lectura en forma de réplica a las desventuras de Isla Fisher de tienda en tienda y a cualquier esperpento de siglo añejo que pretenda evadir del nuestro. “La duquesa” (Saul Dibb, 2008) retrata a la ídem de Devonshire, una mujer de sangre azul cuyo arrojo al inmiscurirse en asuntos políticos, dictados revolucionarios de moda y la vida privada de su marido se consideró ejemplar y reflectario de lo que más tarde coparía portadas amarillistas bajo el rótulo de Lady Di. Ese viaje doloroso y casi nunca catártico encuentra su máximo recordatorio en un gusto para la vestimenta que, mal que les pese a las personalidades públicas y a las costosas películas de época con aspiraciones elevadas, es recordado como un sello de calidad. Los últimos Oscar® al Mejor Vestuario para “Shakespeare in love” (John Madden, 1998), “María Antonieta” (Sofia Coppola, 2006), “Elizabeth: La Edad de Oro” (Shekhar Kapur, 2007) y “La duquesa” confirman esta tendencia a entronar el subgénero en el mundo de las apariencias. Georgiana de Devonshire (Keira Knightley) y estos diez clásicos se encargarán de romper el prejuicio, eso sí, sin perder ni un accesorio a juego.

1. “Cleopatra” (Joseph L. Mankiewicz, 1963), diseñado por Irene Sharaff, Vittorio Nino Novarese y Renié. La que se moldeó según los patrones de las más grandiosas coronas y que terminó siendo un lastre para Mankiewicz bien merece un puesto elevado por el centenario del cineasta y por el despliegue de oropeles y ostentaciones, como ya eterna definición de un vestuario de museo: 194.800 dólares para los 65 vestidos de Cleopatra, entre los que destacó el famoso revestimiento de oro de 24 quilates para el desfile. La irrealidad en los trajes, a cada escena más rocambolescos y recargados, bendijo la belleza de Elizabeth Taylor y la apostura de Rex Harrison —lo que era todo un mérito— y de Richard Burton —que no lo fue tanto—. Denostada por los expertos, la película se contentó con premios técnicos como este vestuario a magnífico technicolor, precedido por los éxitos de “Sansón y Dalila” (Cecil B. DeMille, 1949) y “La túnica sagrada” (Henry Koster, 1953). Desde 1949, año en que se creó la categoría, se habían otorgado dos estatuillas de vestuario: a cintas en color y blanco y negro. En 1958 la subdivisión se eliminaría para recuperarla en 1960 con otra década de vigencia. Leer más »
Viernes 23 Enero 2009
Viene de “Revolutionary Road” y los best seller más cinematográficos de los cincuenta: De 1950 a 1954
1955: “Buenos días, tristeza”, de Françoise Sagan. Preminger repetía en la tarea de encargarse del segundo libro más vendido del año, por delante del número uno “Sincerely, Willis Wayde”, de John P. Marquand, que únicamente disfrutó de versión televisiva. El tierno relato de una joven adelantada a su tiempo (Jean Seberg) y su descocado padre (David Niven), escrito por una promesa adolescente, aseguraba kilos de dulce sirope sobre un tema tan controvertido como el síndrome de Edipo que siente la protagonista. Aunque pudo haber agregado mayores dosis de amargura al conjunto, la función mejora notablemente tras la aparición de Deborah Kerr y algo de esa vejez anticipada en voz de un joven, al estilo de Holden Cauldfield, se apropia de un film que, en 1958, empezaba a enunciar las nuevas veredas del cine norteamericano.
1956: “Peyton Place”, de Grace Metalious. Sobrepasada en ventas por otros tres libros con adaptaciones menores —“Don’t go near the water”, de William Brinkley, fue “Vaya marineros” (1957)—, mayores —“El último hurra”, de Edwin O’Connor, adaptado por John Ford—, o ninguna —“Andersonville”, de MacKinlay Kantor—, “Peyton Place” consiguió convertirse en uno de los acontecimientos cinematográficos de 1957. Con un elenco multitudinario encabezado por la explosiva Lana Turner y una caterva de ingredientes morbosos, la película condensaba en dos horas y media largas los escándalos de un pueblecito de Nueva Inglaterra que los domingos en la iglesia se pretende honorable. Esta explosión de secretos ocultos bajo los felpudos de las familias de los cincuenta llevó a oleadas de ciudadanos a leer o ver aquello que, todavía, sólo se atrevían a nombrar como elementos de ficción. Sexo desbocado, infidelidades, racismo, traiciones, violaciones y asesinatos, aun revestidos de los tonos dorados de una superproducción precursora de las grandes dinastías de la televisión, avanzan la denuncia de una hipocresía que en “Revolutionary Road” era igual de moderna y menos aparatosa. Leer más »
Jueves 22 Enero 2009
Desde su publicación en 1961, la novela “Revolutionary Road”, con la que Richard Yates debutaba en la literatura, sólo había vivido una adaptación televisiva de manos de la BBC. La insistencia de Kate Winslet a su marido y director Sam Mendes ha enmendado ese arresto cinematográfico que mucho tiene de largo y poco de comprensible. Candidata en su momento al prestigioso National Book Award, después de haber recibido alabanzas de la crítica especializada y de otros compañeros literatos, lo raro es que “Revolutionary Road” no oliese a carnaza instantánea para los grandes productores de Hollywood. El detalle: la inestabilidad de los sesenta, el resquebrajamiento de un sistema de estudios que cerraba sus puertas a los presupuestos inflados y a toda epopeya precedida de expectativas populares y costosas listas de necesidades. Desde luego el libro de Yates garantizaba una producción barata y minimalista, tan teatral que hasta en la propia historia está contenida una representación de barrio (“El bosque petrificado”). Pero, por algún motivo, nadie le prestó atención. Hollywood trancaba las glorias de las adaptaciones de los cincuenta, esa década que la película de Mendes se encarga de desmitificar. Diez años de best sellers que no se quedaron sin su homónimo de celuloide y estrella.

1950: “El cardenal”, de Henry Morton Robinson. No fue la novela más vendida del año en Estados Unidos —ocupó un decente tercer puesto—, pero sí la que tuvo película en 1963, dirigida por Otto Preminger. La historia de un cura en su ascenso cardenalicio podía ser muy del gusto de las legiones de espectadores católicos, que se habían escandalizado por los impulsos sexuales del padre Michael Logan (Montgomery Clift) en “Yo confieso” (1953), de Alfred Hitchcock. En “El cardenal”, Stephen Fermoyle (Tom Tryon) saltaba obstáculos tan variopintos como los nazis, los dilemas de fe y las tentaciones lujuriosas, envuelta en un metraje de duración XXL, decorados naturales y una severa autoconsciencia de film bigger tan life que la hacía perfectamente oscarizable. El número uno de ventas aquel año, “The parasites”, se quedó sin adaptación a pesar de que su autora, Daphne Du Maurier, llevaba liderando listas desde 1938, cuando contribuyó al salto estadounidense de Hitchcock gracias a “Rebeca”. Leer más »
Pagina nueva 1

Lunes 28 Enero 2008
Parece que nos ponemos frívolos, pero hablar del vestuario cinematográfico es tan relevante como hacerlo de la fotografía o de la banda sonora –el problema surge cuando el juicio de una película se absolutiza en alguno de esos elementos destacados o bien se extrapolan del todo fílmico: de nada sirven una bonita luz, una pegadiza melodía o un admirable vestido si no contribuyen a la historia–. Tras la selección elaborada por una famosa revista estadounidense, el podio de los personajes femeninos mejor vestidos se nutre de tópicos imperecederos y propuestas más rupturistas que, en realidad, sólo responden a corrientes de moda que pasarán más veloces que el gusto por los tamagochi –¿todavía fabrican de eso?–. No extraña, pues, encontrar a Audrey Hepburn y su incondicional Givenchy en “Desayuno con diamantes” (1961), Marilyn Monroe y su merengue de gasa en “La tentación vive arriba” (1955) –cuidadín: vestido de similares hechuras y movimientos ya apareció durante un número musical de “La pícara puritana” (1937)–, o Vivien Leigh y las cortinas de terciopelo verde que recicla para visitar a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó” (1939).

Como enunciar a estas damas es como recitar la tabla del dos, las esnobs del estilismo han añadido a Diane Keaton en “Annie Hall” (1977) u Olivia Newton-John en “Grease” (1978) , pero, por mucho revival setentero que vivan las tiendas de ropa, me gustaría verlas por la calle con las pintas del “You’re the one that I want” sin parecer una pilingui de “Los Soprano”. Lo mismo sucede con Liza Minnelli en “Cabaret” (1972) cuando desde estas mismas publicaciones se ataca con dentelladas lobunas a toda actriz que se le ocurra pasearse por una alfombra roja a lo años veinte. Esta hipocresía de las formas lleva a que las elecciones de vestidos modernos se correspondan únicamente con cintas de época: Kate Winslet en “Titanic” (1997), Cate Blanchett en “Elizabeth: La Edad de Oro” (2007), Nicole Kidman en “Moulin Rouge” (2001) –que se ha colado a lo tonto, porque su cortesana debería estar en una lista de las mejor casi-vestidas, pero es que aquel collar de Canturi resultaba irresistible– y, encabezando la lista contra todo pronóstico, Keira Knightley en “Expiación” (2007) –justo es reconocer que el vestido verde de moaré que luce en la fiesta es deslumbrante, pero se pasea colgado en una desgarbada percha–.
Quizá antes no se concebían estos listados porque las actrices siempre intentaban lucir lo mejor posible y ahora, en estos tiempos de indecisión y mestizaje, se vuelve necesario un criterio de jerarquización, irónicamente repleto de referencias nostálgicas que confirman la indefinida personalidad presente. Los nuevos gurús de la moda alimentan estos criterios que sopesan la tela antes que el movimiento, como si estos vestidos ya no se paseasen por escenas de celuloide y se irguiesen inermes tras las vitrinas de una casa de subastas. Además, lo de ir bien vestido parece relativo en la función cinematográfica: ¿acaso no iba perfecta Greta Garbo en “Ninotchka” (1939) con aquel sombrero que hoy nos resulta espantoso? ¿Y por qué no rebuscar en el fondo del armario esos trajes que se quedaron fuera de la típica y autoritaria escala de diez?
Así, a bote pronto, recuerdo el vestido negro de Bette Davis en “La loba” (1941), la capucha de Kim Basinger en “L.A. Confidential” (1997), el frondoso Givenchy de Audrey en “Sabrina” (1954), los circenses ruedos de Deborah Kerr en “El rey y yo” (1956), la camiseta publicitaria de Jean Seberg en “Al final de la escapada” (1960), los vaporosos cintura de avispa de Elizabeth Taylor en “La senda de los elefantes” (1954), el derby de “My fair lady” (1964), la ágil falda de Grace Kelly mientras se cuela en el apartamento de “La ventana indiscreta” (1954), los psicodélicos conjuntos de “Barbarella” (1968), el provocativo atuendo de Lara en el restaurante de “Doctor Zhivago” (1965), los estampados escoceses de “Brigadoon” (1954), el bermellón de Claudia Cardinale al correr por una casa vacía en “El gatopardo” (1963)…, y un largo etcétera ecléctico del que ojalá dispusiéramos para nuestras ocasiones diarias. ¿Para qué conformase con diez vestidos pudiendo lucir uno nuevo cada mañana?
En las imágenes: Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes” - Copyright © 1961 Jurow-Sheperd. Todos los derechos reservados. Keira Knightley en “Expiación: Más allá de la pasión” - Copyright © 2007 Working Title Films, Relativity Media y Studio Canal. Todos los derechos reservados. Marilyn Monroe en “La tentación vive arriba” - Copyright © 1955 Charles K. Feldman Group y Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Kate Winslet en “Titanic” - Copyright © 1997 Twentieth Century-Fox Film Corporation, Paramount Pictures y Lightstorm Entertainment. Todos los derechos reservados. Olivia Newton-John en “Grease” - Copyright © 1978 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Cate Blanchett en “Elizabeth: La edad de oro” - Copyright © 2007 Motion Picture ZETA Produktionsgesellschaft, Studio Canal y Working Title Films. Todos los derechos reservados. Deborah Kerr en “El rey y yo” - Copyright © 1956 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Nicole Kidman en “Moulin Rouge” - Copyright © 2001 Bazmark Films y Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Y Bette Davis en “La loba” - Copyright © 1941 The Samuel Goldwyn Company. Todos los derechos reservados.
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
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original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
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síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
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Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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