Domingo 26 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 26.04.09 a las 17:21
Archivado en: Acción, Actores y actrices, Aventuras, Años 80, Años 90, Cine independiente, Comedia, Drama, Hollywood, Romance, Terror, Thriller, Western
Clive Owen se embolsa la audiencia acumulada de “Duplicity” (Tony Gilroy, 2009) mientras su compañera en “The international: Dinero en la sombra” (Tom Tykwer, 2008) atrae a más de un despistado en las enrevesadas tramas de conspiraciones que vienen maquinándose desde hace años en los sótanos y los despachos más luminosos de grandes bancos. Naomi Watts ha conseguido en una década lo que estuvo peleándose durante otro par de lustros bien largos: el inestimable honor de escoger los papeles que más le interesan sin perder la categoría de actriz bienamada por público y crítica. Al igual que dos de los personajes cumbre de su carrera, una intérprete venida de lejos, en términos geográficos y vitales, que ha encontrado un hueco en Hollywood para sus inquebrantables valores y su dorada madurez.

«Sería como en las películas. Fingir ser otra persona.» (Betty en “Mulholland drive”) Inglesa de nacimiento y adolescencia en Australia, país donde apenas destacan sus dotes para la actuación. Otra rubia pálida, bajita y huesuda que no rompe el prototipo de las escenas australes, a pesar de que en ellas coincide con emergentes estrellas como Nicole Kidman —en “La primera experiencia” (John Duigan, 1991), aunque ya se habían conocido en una audición para un spot de bikinis—, Russell Crowe —en la mini serie “Brides of Christ” (Ken Cameron, 1991)— o Hugo Weaving —en “For love alone” (Stephen Wallace, 1986)—. Después de la adaptación de un cómic de culto, “Tank girl” (Rachel Talalay, 1995), pequeños papeles televisivos, anuncios publicitarios y dramones abocados al olvido, Naomi imita a su amiga Nicole y se traslada a Los Ángeles con la esperanza de rozar esa “Fama” con la que había soñado desde un pase de la película de Alan Parker. Leer más »
Sábado 21 Marzo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 21.03.09 a las 0:21
Archivado en: Acción, Actores y actrices, Animación, Años 80, Años 90, Cine europeo, Cine histórico, Cine independiente, Comedia, Drama, Hollywood, Romance, Thriller
¿Juegan malas pasadas los nombres de Clive Owen y Owen Wilson ? En “Duplicity” (Tony Gilroy, 2009) hay que pronunciar Clive Owen, el británico morenazo de ojos verdes que desde su salto al gran público con 40 años y la serie de spots para BMW es un nombre frecuente en las listas de los hombres más sexis del planeta. Y su compañera en la ficción es Julia Roberts, la eterna novia de América que decidió retirarse a medias de la gran pantalla y dedicarse a su familia justo al mismo tiempo en que Owen empezaba a despuntar. Ahora Tony Gilroy, guionista de la serie Bourne y debutante en la aplaudida “Michael Clayton” (2007), los reúne de nuevo con envidiable química en esta comedia de espionaje con aroma a Hitchcock y Norman Jewison que se estrena en primicia en nuestro país, dos días antes de que lo haga en Estados Unidos.

El toma y daca entre cómplice y desconfiante que se ofrendan como pareja en “Duplicity” tendría una de sus bazas en cierto trato de cortesía real: si la carrera de Julia Roberts se desdobla en dos trayectorias muy diferentes con su Oscar® a la Mejor Actriz por “Erin Brockovich” (Steven Soderbergh, 2000) a modo de bisagra, Clive Owen no tuvo que esperar a que sus rasgos fuesen identificables por cualquier Vogue-adicta para trabajar con los realizadores más demandados. Qué alumno recién graduado de la escuela de cine no querría imprimir un currículum atiborrado con los apellidos de John Frankenheimer, Ang Lee, Wong Kar-Wai, Alejandro González Iñárritu, Guy Ritchie, John Woo, Tony Scott y Joe Carnahan… y demostrar con un simple telefonazo que tan elevadas referencias son auténticas. Pero antes de esa gloriosa serie de ocho anuncios publicitarios Owen tuvo que soportar dos décadas de espera, las mismas que la actriz de Georgia en su inimaginable ascenso al Oscar®.
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Miércoles 18 Marzo 2009
¿Juegan malas pasadas los nombres de Owen Wilson y Clive Owen? En “Una pareja de tres” (David Frankel, 2008) hay que pronunciar Owen Wilson, el rubio de la nariz torcida y un peculiar atractivo que lo hermana —también con sangre— a Luke Wilson. Y su compañera en la ficción es Jennifer Aniston, la otrora novia de América que se ha dejado deslizar del trono por sus quiebros sentimentales y el acoso de la prensa sobre sus supuestas envidias en el terreno profesional y personal. La actriz de la melena más copiada en las peluquerías de Estados Unidos se une por primera vez en la gran pantalla a Owen Wilson, aunque éste posea un currículum no menos grueso en materia de humorística, amén de un historial muy valorado por los reporteros amarillistas desde aquel intento de suicidio que siguió a su ruptura con Kate Hudson. Pero fuera penas: en su nueva película, ambos se muestran decididos a comenzar la perfecta vida en común con la que sueña desde los años treinta todo norteamericano medio. Y entre ellos se colará Marley, un dulce cachorro de labrador emperrado en impedirlo.

La pareja escogió mal de entre todos los ejemplares de la camada que se les había mostrado en el criadero, aunque Wilson y Aniston puedan permitirse semejantes meteduras de pata en el guión, punto de contraste con sus exitosas trayectorias como intérpretes. Él comenzó de manera discreta, como firmante del libreto del primer corto y largo de Wes Anderson, su mecenas junto al incansable colegueo que lo une de forma estrecha a Ben Stiller. “Ladrón que roba a otro ladrón” (1994 y 1996) punteó una salida poco llamativa en oposición al mítico estreno de la televisiva “Friends” aquel mismo año, una fuente de eterna juventud para sus seis protagonistas, prácticamente desaparecidos del mapa excepto por Jennifer Aniston, que fue aquella odiada o amada Rachel Green durante diez temporadas. Ella, sin embargo, había pateado platós durante un lustro antes de encontrar su sitio: telecomedias menos recordadas como “Un chico listo” (1990-1991) o “La cabeza de Herman” (1991-1994), y una cinta que hoy puede rastrearse en alguna polvorienta sobremesa: “Leprechaun: La noche del duende” (Mark Jones, 1993). Leer más »
Martes 24 Febrero 2009
Viene de: Primera parte | Segunda parte | Tercera parte
“El mariachi” (1992) contó con un presupuesto de siete mil dólares, pero estaba rodada con tal lucidez creativa que la industria norteamericana no pudo sino rendirse a la propuesta de un joven cineasta llamado Robert Rodriguez, que parecía llegar dispuesto a comerse el mundo sin pedir demasiado a cambio. Tres años después rodó una suerte de remake/secuela/reinterpretación de aquella, “Desperado” (1995), con un ascendente Antonio Banderas en el papel de Él, misterioso asesino cantante; por aquel entonces, el cineasta ya se había hermanado artísticamente con el rebelde de oro, Quentin Tarantino, junto al que establecería una sociedad fructífera y psicodélica a partes iguales. Y en 2003 llegaría el cierre de la trilogía, “El mexicano”, descerebrada epopeya de reparto espectacular en la que el charro rendiría homenaje a Mickey Rourke regalándole el papel de Billy, brazo derecho de un peligrosísimo y desquiciado narco con los rasgos del siempre esplendoroso Willem Dafoe. Un rol secundario mas valioso, en el que podía lucir su amor por los chihuahuas y que supondría un nuevo ejemplo de la capacidad del tándem Rodriguez/Tarantino para sublimar estrellas de capa caída, tras la estela de John Travolta o David Carradine.

El futuro volvía a lucir cielos claros para este batallador nato, que estaba recuperando el ritmo a marchas forzadas aunque seguía relegado a un segundo plano. En “El fuego de la venganza” (2004), Tony Scott contó con él para una de sus adrenalíticas y viscerales propuestas, una exitosa producción que serviría de escaparate ideal para que el gran público volviese a incluir su rostro en el star system de Hollywood, aceptando su retorno taras incluidas. Y es que el carisma permanece más allá del aspecto físico ─es indudable que lucía más que desmejorado─ y polémicas varias, beneficiado en este caso por verse arropado por un ritmo endiablado y unos compañeros de reparto en estado de gracia, en un cartel que incluía a Denzel Washington, Christopher Walken, Dakota Fanning, Radha Mitchell o incluso el mismísimo Marc Anthony. Así las cosas, incluso la industria del videojuego requirió sus servicios por primera vez, solicitando su registro vocal para “Driv3r” (2004), desangelada nueva entrega de una saga legendaria que, con el paso de los años, no ha podido sino marcar un declive progresivo en la evolución de cada nuevo capítulo.
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Pagina nueva 1

Jueves 7 Febrero 2008
Llevo dándole vueltas al injusto centralismo que los vestidos de señora tienen en las listas de cine. ¿Qué pasa con los mejor vestidos, como si los actores no pudieran ir de punta en blanco? Cierto es que la moda rota con no pocas dosis de frivolidad en torno a la mujer y que sus posibilidades de indumentaria se extienden hacia el infinito de las faldas y vuelos que del sexo opuesto sólo se atreven a tocar escoceses y superhéroes. Pero cuando el diseñador/diseñadora de turno lo ha querido, los protagonistas de una escena vistosa no tenían nada que envidiar a sus compañeras femeninas. O si no midamos la aureola luminosa de Tyrone Power en la fiesta de “El filo de la navaja” (1946), el haz misterioso de Cary Grant paseándose por su villa en “Atrapa a un ladrón” (1955) o la desarreglada paciencia de Clark Gable esperando al autobús sobre una valla en “Sucedió una noche” (1934), y comparémoslos con el brillo de Gene Tierney, Grace Kelly o Claudette Colbert. Bah, ¿quién se acuerda de ellas? Estos atuendos varoniles no sólo se han ganado el puesto gracias a su estilismo rompedor, también continúan considerándose prototipos de lo que significa ir bien arreglado o simplemente vestido de determinada manera.
El tipo melancólico que se enfunda una gabardina debe remitirse a Humphrey Bogart –quien por lo general no era el maniquí más adecuado para lucir nada–, o a Gene Kelly con sombrero a juego mientras habla a los medios en “Cantando bajo la lluvia” (1952), y el bailarín puede imitar sus polos arremangados para dar brincos sin parecer un mono de feria. Los gladiadores no serían lo mismo sin “Espartaco” (1960) o los mantones de pieles de Russell Crowe en “Gladiator” (2000) –el chiste sobre la relación falditas metalizadas-homosexualidad ya está muy sobado desde “Aterriza como puedas” (1980) y a mí siempre me ha parecido que tiene un punto muy viril–. Un prejuicio similar al que sufre el pobre Errol Flynn, tan capacitado como estaba para llevar mallas o casacas sin perder el respeto de la amada –o quizá era un pacto de silencio, al fin y al cabo él tenía que aguantar interminables trenzas y corsés carcelarios–. Si se realizara un cómputo general, el traje o esmoquin aterrizaría en el peso cuantitativo y en algunos primeros puestos: aparte de los mencionados, cómo olvidar a todos los James Bond –bueno, a Pierce Brosnan me lo quitan si puede ser–.
Al dueto Paul Newman-Robert Redford en “El golpe” (1973) o “Dos hombres y un destino” (1969), en pleno pedaleo campestre; todos los invitados de los saraos de “El gran Gatsby” (1974), una hilera de “Los intocables de Eliot Ness” (1987) avanzando al frente, George Clooney tirando dados en cualquier casino de la trilogía Ocean, o, por qué no, ese impoluto Erich von Stroheim en “El crepúsculo de los dioses” (1950), fracción del entorno detallista que Norma Desmond deseaba aspirar al desperezarse por las mañanas. Claro que, y como ocurría en el caso de las actrices, eso de ir bien vestido no supone un obligado sinónimo de rectitud formal. A veces, y mucho más poderosas, un cierto desarreglo conlleva pautas de estilismo, iconos de creación y suspiros admirados con los que soñaría una sosa pajarita en fondo blanco. Blanco guarro, como el de las camisetas de Marlon Brando en “La ley del silencio” (1954) o “Un tranvía llamado deseo” (1951); la referencial cazadora roja de otro asilvestrado, James Dean, en “Rebelde sin causa” (1955), los uniformes caqui-polvo-barro del camino que difuminan a Indiana Jones, o los conjuntos no menos abandonados del grande de grandes, Steve McQueen, quien a bordo de una de sus motos gana la carrera de los nuevos retrosexuales, como Clive Owen –un aplauso para él en gabardina o capa pirata–.

Y que no se escapen de la lista los raros, los que por despreciar la tangente acaban marcando tendencia, como Al Pacino y aquellas divertidísimas y a la par dolorosas pintas de narco en “El precio del poder” (1983), o Peter O’Toole haciendo amago de amoldarse al desierto en “Lawrence de Arabia” (1962). Por supuesto, lo de insinuar lo llevan mucho peor, pero los ejemplos no desmerecen una renovada confianza: en pijama –Paul Newman y “La gata sobre el tejado de zinc” (1958), y con pata escayolada, ahí es nada en la victoria por seguir siendo sexy–, en bañador –reciente pero ya mítico Daniel Craig en “Casino Royale” (2006)– o en toalla –las que vistió como nadie el pato Donald a la salida de cada ducha–, el menos es más vale tanto para el espectador como para el ahorro del diseño de vestuario. Privilegiado oficio de cine, pues pueden coser sus sueños y colgarlos de la percha idónea sin que los desluzca un solo pliegue. Porque esa es otra: incluso sobre las telas y las situaciones extremas impera la triste máxima de que la arruga no es bella.
En las imágenes: Gene Tierney y Tyrone Power en “El filo de la navaja - Copyright © 1946 Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. Cary Grant en “Atrapa a un ladrón” - Copyright © 1955 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Clark Gable en “Sucedió una noche” - Copyright © 1934 Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Paul Newman y Robert Redford en “El golpe” - Copyright © 1973 Zanuck/Brown Productions y Universal Pictures. Todos los derechos reservados. James Dean en “Rebelde sin causa” - Copyright © 1955 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo” - Copyright © 1951 Charles K. Feldman Group y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. Al Pacino en “El precio del poder” - Copyright © 1983 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. Kevin Costner y Sean Connery en “Los intocables de Eliot Ness” - Copyright © 1987 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Y Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc” - Copyright © 1958 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y Avon Productions. Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
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Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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