Lunes 15 Junio 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 15.06.09 a las 14:24
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Aventuras, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Cine bélico, Cine español, Cine europeo, Cine histórico, Cine mudo, Cine social, Comedia, Documental, Drama, Escenas, Hollywood, Musical, Romance, Terror
Cuando se estrenó “El diablo es mujer” (Josef von Sternberg, 1935), aquella cinta que verbeneaba con el exótico imaginario que en ultramar se tiene de España como una odalisca bella y fantasiosa, el régimen la mantuvo captiva bajo el pretexto de que con tales mimbres no podía ofrecerse una imagen del país a semejanza de sus opresores. De nada sirvieron las simpatías de Franco por todo lo alemán, ni que el director y la protagonista —una Marlene Dietrich con peineta— dieran acta de nacimiento en las tierras de las que huyeron cuando Hitler quiso pastorearlas. Ni lo de fuera ni lo de dentro: los mismos remilgos, finalmente vestidos de rutina funcionarial, afectaron a tantas películas españolas que como embriones amputados fueron perdiendo rollos, planos y pistas sonoras hasta un nacimiento en salas que era una gloriosa victoria y al mismo tiempo la vergonzosa humillación del expolio diario. Una censura de distinta categoría provoca los traumas de Francesca (Ana Torrent) en “No-Do” (Elio Quiroga, 2009), afectada por las mismas visiones que en la pantanosa etapa del noticiero cinematográfico filmó un equipo de nombres hoy proscritos y emborronados por la leyenda urbana de un destino común y fatal, cuya respuesta aguarda bajo llave en algún escritorio secretísimo del Vaticano.

Pero más graves que la suplantación de los misterios marianos por las amables crónicas de sociedad en los no-dos fueron los robos perpetrados por comisiones de mandaos que, por no saber de cine, ni siquiera sabían interpretar la comunicación no verbal existente entre personajes, convencidos no sin cierta megalomanía de que el espectador podía ser interpelado por mensajes satánicos cosidos tras la dermis amable de Hollywood y la industria patria. Algunos de estos fotogramas prohibidos hemos podido recuperarlos con el tiempo que por fortuna se detiene en las filmotecas, otros ardieron en la hoguera sin dejar copia tras de sí, entre ellos un porcentaje de películas republicanas y soviéticas tan grande como un pastel apenas probado. No todo lo perdido y recuperado es un tesoro ni poseería la trascendencia de una supuesta revelación divina, pero pertenecía a los espectadores y a los cineastas, y por una vez los dos bandos estaban de acuerdo en que a ambos les habían robado.
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Jueves 28 Mayo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 28.05.09 a las 10:28
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 20, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 80, Años 90, Biopic, Cine español, Cine europeo, Cine histórico, Cine independiente, Cine mudo, Comedia, Drama, Hollywood, Romance, Terror, Thriller
El razonamiento apresurado era la reacción ante la paranoia de “Arlington Road” (1999), la casa ideal de “Mothman, la última profecía” (2002) vaticinaba un destino catastrófico con todas las papeletas para la búsqueda de una explicación catártica, y ahora Mark Pellington, el director de esas dos cintas, vuelve a reunir emplazamientos encantados y tiras y aflojas entre el cinismo y la fe para que se produzca “El milagro de Henry Poole” (2008). Tal sujeto (Luke Wilson) se instala en la fea vivienda de un nuevo barrio, donde —ya es famoso el espíritu endogámico de las comunidades norteamericanas— sus vecinos (Radha Mitchell, Adriana Barraza) pretenden desentrañar el misterio de sus aires taciturnos y de la mancha de humedad con rasgos de Jesucristo que preside una de las paredes de estuco. Que nadie se ría si la premisa cosquillea: no se trata de la base de una comedia costumbrista ni de un docu-fake destinado a analizar el marketing de los supuestos milagros, sino de una película con tanta esperanza en redimir a su protagonista mediante lo sobrenatural como los seguidores de Pitita Ridruejo en distinguir la silueta de la Virgen contra el cielo. De momento, estos peregrinajes cinematográficos sólo han salvado a seres de ficción…

Las obras de Cristo: Oponiéndose a la propia definición de la fe como un salto espiritual en el que sólo interviene la predisposición del creyente, el cine religioso se ha valido de las pruebas y los efectos especiales como si el reto estribase en convencer al incrédulo acerca de la magia de un proyector Lumière. Ciencia infusa hollywoodiense: del mismo modo que Henry Poole se va incomodando a medida que los milagros se suceden en su patio trasero, cualquier superproducción necesita un prodigio en primer plano que conmueva al espectador con esa misma mezcla de temor y admiración hacia el Mesías, generalmente, insondable y en fuera de campo. Las leprosas salían de la cueva con unos brazos impolutos y un rostro fresco en “Ben-Hur” (William Wyler, 1959), el bastón del profeta retaba a la gravedad en “Quo Vadis” (Mervyn LeRoy, 1951), una talla sentía hambre y sed en la cinta de terror “Marcelino, pan y vino” (Ladislao Vajda, 1955) y las narraciones bíblicas se conviertieron en alardes técnicos en los gigantescos retablos de “Los diez mandamientos” (Cecil B. DeMille, 1956) e “Intolerancia” (D.W. Griffith, 1916), cuyo fragmento de Judea recreaba el episodio de las bodas de Caná. Leer más »
Martes 7 Abril 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 07.04.09 a las 11:20
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 80, Años 90, Biopic, Cine asiático, Cine histórico, Drama, Hollywood, Musical, Romance, Técnica
Si la semana anterior hubo una elevada cota de compras compulsivas, la nueva cinta de época en llegar a nuestras pantallas compensa su tardío estreno con una lectura en forma de réplica a las desventuras de Isla Fisher de tienda en tienda y a cualquier esperpento de siglo añejo que pretenda evadir del nuestro. “La duquesa” (Saul Dibb, 2008) retrata a la ídem de Devonshire, una mujer de sangre azul cuyo arrojo al inmiscurirse en asuntos políticos, dictados revolucionarios de moda y la vida privada de su marido se consideró ejemplar y reflectario de lo que más tarde coparía portadas amarillistas bajo el rótulo de Lady Di. Ese viaje doloroso y casi nunca catártico encuentra su máximo recordatorio en un gusto para la vestimenta que, mal que les pese a las personalidades públicas y a las costosas películas de época con aspiraciones elevadas, es recordado como un sello de calidad. Los últimos Oscar® al Mejor Vestuario para “Shakespeare in love” (John Madden, 1998), “María Antonieta” (Sofia Coppola, 2006), “Elizabeth: La Edad de Oro” (Shekhar Kapur, 2007) y “La duquesa” confirman esta tendencia a entronar el subgénero en el mundo de las apariencias. Georgiana de Devonshire (Keira Knightley) y estos diez clásicos se encargarán de romper el prejuicio, eso sí, sin perder ni un accesorio a juego.

1. “Cleopatra” (Joseph L. Mankiewicz, 1963), diseñado por Irene Sharaff, Vittorio Nino Novarese y Renié. La que se moldeó según los patrones de las más grandiosas coronas y que terminó siendo un lastre para Mankiewicz bien merece un puesto elevado por el centenario del cineasta y por el despliegue de oropeles y ostentaciones, como ya eterna definición de un vestuario de museo: 194.800 dólares para los 65 vestidos de Cleopatra, entre los que destacó el famoso revestimiento de oro de 24 quilates para el desfile. La irrealidad en los trajes, a cada escena más rocambolescos y recargados, bendijo la belleza de Elizabeth Taylor y la apostura de Rex Harrison —lo que era todo un mérito— y de Richard Burton —que no lo fue tanto—. Denostada por los expertos, la película se contentó con premios técnicos como este vestuario a magnífico technicolor, precedido por los éxitos de “Sansón y Dalila” (Cecil B. DeMille, 1949) y “La túnica sagrada” (Henry Koster, 1953). Desde 1949, año en que se creó la categoría, se habían otorgado dos estatuillas de vestuario: a cintas en color y blanco y negro. En 1958 la subdivisión se eliminaría para recuperarla en 1960 con otra década de vigencia. Leer más »
Viernes 5 Diciembre 2008
Hay personas que mueven el mundo, nombres que pasan a la historia de la humanidad porque son ellos quienes la forjan y cambian sus rumbos por siempre. Son figuras excepcionales capaces de mover ejércitos bajo su mando, de embarcarlos en empresas imposibles que significan sacrificio, entrega y muerte. La enormidad de estos tipos es tal que ni siquiera se pueden replantear en los términos analíticos de su ego, porque trascienden todos ellos y se configuran como los hombres que más cerca estuvieron de ser dioses en la Tierra, hombres que ostentaban poderes e imperios inimaginables y cuyos actos, que en ocasiones podían incluir masacres infundadas, se creían por encima del bien y del mal.

El cine encontró en ellos una magnífica fuente de inspiración y algunos de los mayores desafíos a los que jamás se iba a enfrentar. “Mongol” es el último ejemplo de esa estirpe centrada en figuras únicas por las increíbles historias que las envuelven, relatos en los que uno acude a sabiendas que va a contemplar toda la magnificencia del cinematógrafo desplegada ante nosotros. El biopic de Genghis Khan era una cuenta pendiente que saldar con uno de los más grandes conquistadores de la historia. A caballo entre el siglo XII y el XIII, Genghis Khan dominó uno de los imperios más vastos que ha contemplado el mundo, lo cual le iba a convertir en objetivo potencial de un arte que aún tardaría siglos por venir, pero que habría de tratarle con la majestuosidad y el despliegue de medios que la película de Sergei Bodrov ha dispuesto. Esta superproducción realizada con los esfuerzos de Rusia, Alemania, Suiza, Kazajistán y Mongolia llega a nuestras carteleras para contarnos la historia del emperador mongol, desde su niñez hasta su alzamiento e iniciación del imperio. Es cine épico con mayúsculas, un cine cuyo campo de batalla con la crítica suele encontrarse en sus más y sus menos con la fidelidad histórica, cuyas fronteras con esta se diluyen en pos de la épica y la leyenda. Pero un cine que, en cualquier caso, ofrece un espectáculo inigualable ante nuestros ojos. Leer más »
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Lunes 10 Diciembre 2007
La tirria por tal o cual actor o actriz no afecta exclusivamente a nuestro panorama contemporáneo, uno puede aborrecer hasta lo más profundo a un intérprete bien antiguo y ya fallecido, que aún así seguirá deseándole la re-muerte. Es una lacra personalizada según los gustos de cada aficionado, pero algunos actores lo tienen crudo para librarse de ella a causa de algún defecto que los hizo diferentes… para mal. Por ejemplo, un timbre de voz insoportable que puede arruinar la estampa de la más adorable de las rubias –de bote–. Y es que Jean Arthur –bautizada a sí misma en honor de Juana de Arco y el rey Arturo, ahí es nada– fue una mindundi del cine mudo hasta que la pantalla empezó a hablar y, a pesar de sus escasas aptitudes para la expresión oral, cayó en el reparto de imprescindibles películas, adorada por magníficos directores. ¿Acaso no tenían oído?

En su favor digamos que la chica disponía de un encanto único para la comedia y una planta de rubita frágil no tan exagerada como la de Joan Fontaine o Ingrid Bergman ni tan voluptuosa como la de Marilyn o Jean Harlow. Su pequeña estatura y sus andares de torpe orgullo podían pasar desapercibidos, aunque ya estuviesen anunciando su anatomía vocal: la de un pato resabido que pretendía conquistar a Cary Grant –“Sólo los ángeles tienen alas” (1939), “El asunto del día” (1942)–, Melvyn Douglas y Fred MacMurray –“Demasiados maridos” (1940)–, William Holden –“Arizona” (1940)–, John Wayne –“The lady takes a chance” (1943)– o Charles Boyer –“Cena de medianoche” (1937)–.

Una lista tan apasionante como la de sus directores, pues si John Ford –“Pasaporte a la fama” (1935)–, Cecil B. DeMille –“Buffalo Bill” (1936)–, George Stevens –“Raíces profundas” (1953)–, Frank Capra –“El secreto de vivir” (1936), “Vive como quieras” (1938) y “Caballero sin espada” (1939)– y Billy Wilder — “Berlín Occidente” (1948), quizá la película en la que los efectos de su voz son más inocuos, y donde constituye una delicia verla atrapada en la admirable escena de los archivadores–; si todos esos maestros recurrieron a ella, quizá es que algo compensaba el silbato atrapado en su garganta. Tal vez era tan buena cómica que sabía congeniarse con su peor aliado, o encarnaba a personajes tan inaguantables en un principio que aquel tono parecía inherente a su caracterización, o el productor era sordo y no le costaba dar un visto bueno. La razón no importa porque su presencia es insorteable en películas que adoramos y, nos revuelvan un poco o un mucho sus gritos y susurros, también tenemos que adorarla a ella.
En las imágenes: Jean Arthur hablando a James Stewart en “Caballero sin espada” - Copyright - © 1939 Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Y callada en “El secreto de vivir” - Copyright © 1936 Frank Capra Productions y Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados.
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Críticas
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
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está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
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Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
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