Martes 24 Marzo 2009
Escrito por Almudena Muñoz Pérez el 24.03.09 a las 13:14
Archivado en: Anécdotas y curiosidades, Años 30, Años 40, Años 50, Años 60, Años 70, Años 90, Comedia, Drama, Escenas, Hollywood, Musical, Personajes, Romance
Invierte la media hora (larga) del café en arramblar mercancía de pasarela en liquidación y no puede acudir a una entrevista de trabajo sin un foulard nuevo. Hasta aquí nada sorprendente en el ámbito funcionarial y en los secretos inconfesos de varias empresarias. El problema se agrava si, como Rebecca Bloomwood (Isla Fisher), tiene una deuda de cinco dígitos y se enamora de un hombre porque ambos “hablan Prada”. “Confesiones de una compradora compulsiva” (P.J. Hogan, 2008) satiriza sobre el tema con un gusto puesto en entredicho por una horda de críticos ofendidos y, según se desluce de sus textos, más concienciados con el panorama financiero mundial que con los gajes de su oficio. De la tarde de compras de Julia Roberts y Richard Gere en “Pretty Woman” (Garry Marshall, 1990) al periodismo prêt-à-porter de “El diablo viste de Prada” (David Frankel, 2006), la ligereza y la ropa son sinónimos en la misma entrada del chick flick.

En la neoyorquina “The Village Voice” han llegado a definir la película como «un gesto escandaloso y obsceno mientras la economía continúa tragándose medios de subsistencia, hogares y esperanzas». Otros, más benévolos, comparan a la crecidita Fisher —vista de secundaria en “Scooby-Doo” (Raja Gosnell, 2002), “Extrañas coincidencias” (David O. Russell, 2004) o “Definitivamente, quizás” (Adam Brooks, 2008)— con la reina de la screwball Carole Lombard. Quien escribió tan generoso como hiperbólico símil tal vez tenía en mente la frívola desesperación de la actriz por pescar a un rico heredero en “Candidata a millonaria” (Mitchell Leisen, 1935), pero lo cierto es que ninguna señorita de la comedia ha podido prescindir de un nutrido guardarropa —mejor aún si lo había rellenado Edith Head o Adrian—, así como determinados personajes han recurrido a la ayuda de una prenda de vestir para salir del apuro o provocarlo sin consciencia. La moda sale del armario. Leer más »
Sábado 14 Febrero 2009
En la última pregunta de “¿Quién quiere ser millonario?” que se le plantea a Jamal (Dev Patel) en “Slumdog millionaire” (2008), ante él se ordena el caos de las posibles respuestas y la reformulación del título del programa. ¿Jamal ha ido al espectáculo en busca de dinero, de amor o de fama? Seguramente las personas que acuden a un concurso real lo tengan mucho más claro, pero los contendientes de las películas siempre terminan enfrentándose a una prueba ardua en la que no sirven de nada la preparación física, intelectual o cultural. Los mejores concursos de la vida son aquellos con el bote más sustancioso, pero el premio más importante para Jamal consiste en averiguar su orden de prioridades vitales. Y si el dinero, el amor y la fama vienen de sopetón y de la mano, entonces discernirlo nunca fue tan difícil. De momento no existe ningún concurso en celuloide —a excepción del juego de pistas que planteó Lars von Trier en “El jefe de todo esto” (2006)— y el cine continúa encargándose de desmitificar las promesas del paraíso de otros medios, aun a costa de hacérselas pasar canutas a pobres diablos que sólo querían un poco de fama, dinero o amor.

El televisivo: “Quiz show” (Robert Redford, 1994). Un clásico juego de preguntas que ha variado de formato pero no de fondo a lo largo de la Historia televisiva. El programa “Twenty-One” consiguió despegar a muchos espectadores de las salas de cine gracias a una emoción relativamente gratuita —después del desembolso inicial y bastante cuantioso por el televisor, y el aumento de la factura de la luz-, la de encumbrar a un ciudadano corriente en celebridad efímera. Precisamente esa fama instantánea y pronto soluble es lo que molesta a Herbie (John Turturro), que no está de acuerdo en que las respuestas se amañen de antemano para que los concursantes roten a gusto del público. Él, cultivado pero poco atractivo, es sustituido por el elegante profesor universitario Charles Van Doren (Ralph Fiennes), quien demuestra que hasta las clases más altas no están libres de apetecer una gloria popular. Redford firmaba una de sus películas más ligeras y al mismo tiempo más enérgicas, gracias al ritmo efervescente de los rodajes televisivos y el suspense gradual que conlleva el desmembramiento del clasismo norteamericano de los cincuenta y el duelo moral al que se someten sus protagonistas. Leer más »
Martes 13 Enero 2009
Liv y Emma son dos amigas enfrentadas por la misma fecha de boda en “Guerra de novias”, la nueva comedia romántica escrita para Kate Hudson y Anne Hathaway, dos actrices que luchan, como sus protagonistas, por hacerse con la corona del matriarcado en el género. No se les ocurrió desde el comienzo a tan íntimas camaradas de sueños-cliché el celebrar una boda conjunta, como ocurría en el pluralísimo final de “Siete novias para siete hermanos” (1954), ni tampoco aprender lecciones de protocolo en las historias de bodorrios mucho más catastróficos que los suyos. Para remediar tamaño egotismo, recordamos a unas cuantas novias clásicas que validaron el viejo dicho: si te casas, no permitas que nadie te filme.

La boda, contemplada como acontecimiento más social que familiar, instruía a los espectadores de la época Hays en el justo equilibrio de clases: el pobre abrazaba a la rica heredera o viceversa para provocar los suspiros emocionados de una platea que creía en el sello sagrado del amor… en pantalla o en las páginas de sociedad del periódico. Ni fuera ni dentro de ellas nadie comentaba lo evidente: que la boda, como acto más privado que público, podía ser el principio de una aburridísima película. De esta regla silenciosa derivaba la más fundamental de todas: la película-boda debía rodarse en homenaje a la protagonista absoluta, la novia del vestido prístino en blanco y negro y de las mejillas sonrosadas en Technicolor. Hasta que la mesura de los colores y el descreimiento en los relatos de familia han dado paso a las batallas, los tartazos y otros desastres pre-conyugales. Leer más »
Jueves 8 Mayo 2008
Tras largas penurias sobre papel, al fin el personaje de Indiana Jones va a convertirse en lo que es: un arquetipo. O arquetipazo, si se me permite el chiste fácil, pues su simple imagen bastaría para definir el tono de la saga y reactivar el vínculo con los espectadores –y espectadoras, pero no lo digo por hacerme la políticamente correcta, sino porque en este caso mencionarlo conlleva especial relevancia–. Spielberg estaba finiquitando trabajos menos considerados por el sistema –dirigir “1941″ (1979), producir “Frenos rotos, coches locos” (1980) e incluso aparecer brevemente en “Granujas a todo ritmo” (1980)– y Lucas parecía muy ocupado preparando la continuación del inesperado –al menos para tipos como Brian De Palma– éxito Star Wars. A pesar de sus apretadas agendas, o quizá precisamente por ello, ambos encontraron ganas y tiempo para lanzar las aventuras de Indy al celuloide, con el respaldo de la Paramount y una aparente libertad creativa. Fue el propio Spielberg quien propuso que “En busca del arca perdida” (1981) arrancase con el encadenado del logotipo de la antigua major y una montaña real encontrada en la localización donde se grabó el prólogo.

Pero antes de ese momento, de ese minúsculo juego de transparencias y del visionado cronológico de las escenas, precedió un ingente esfuerzo de equipos y montones de dólares, según la tendencia de las modernas superproducciones que Spielberg había inaugurado con “Tiburón” (1975). Ya tenían al héroe, ¿cuál debería ser el reto apropiado? Bien es sabido que éste es el punto más conflictivo de sus aventuras, pues durante los años de preparación del retorno de Indiana Jones se especuló largo y tendido sobre el objeto arqueológico en liza, el MacGuffin: el porqué de las peleas, las persecuciones, los reencuentros y las pruebas. Podría ser que a Philip Kaufman se le ocurriese la idea del Arca de la Alianza por ciencia infusa, pero resulta muy sospechoso que un arqueólogo real, Vendyl Jones, ya fuese tomado por loco en los círculos científicos de los ochenta por perseguir en el desierto de Judea el arca que encierra los diez mandamientos –«la radio para hablar con Dios», como se la define en uno de los diálogos–. Huelga decir que este hombre aún no la ha encontrado, pero sigue en su empeño.

Indiana, más joven y apuesto, siempre favorecido por una lógica aplastante, la hallaría no en Israel, sino en Egipto, la primera ambientación para nuestro querido personaje –aunque el rodaje se efectuó en Túnez, donde Lucas ya había ubicado algunos pasajes de “Una nueva esperanza” (1977), con la que esta cinta mantiene una unión robótica… El jeroglífico con R2-D2 y C3PO–. Un hombre con látigo enfrentándose a secuaces de Adolf Hitler por la posesión de una caja mítica y sobrenatural. Supongo que durante el speech los mandamases de la Paramount lo escucharon de una manera más suavizada… Nosotros, sin grandes inversiones ni deudas de por medio, nos creemos con alegría lo que venga. Por ejemplo, basándose en el cómic “The seven cities of Cibola” (1954) de Carl Barks, y que tenía por protagonistas al tío Gilito y sobrinos, una caverna de Sudamérica –adonde ahora, en “El reino de la calavera de cristal” (2008), regresa Indy– que atesora una estatuilla precolombina de oro macizo. Y para apropiársela, el doctor Jones, ayudado por un debutante Alfred Molina y enfrentado a su colega Belloq (Paul Freeman), a lo Sherlock y Moriarty. Una intensa secuencia que acumula todas las pistas para entrar o no en la complicidad que requiere una historia narrada con ritmo moderno y que rinde tributo a hallazgos clásicos.

¿Por qué habríamos de identificarnos con Indiana Jones? No es un héroe al uso: se equivoca en sus cálculos, se confía hasta el punto de parecer ingenuo, se tropieza, escapa por los pelos de una enorme esfera rodante –la fibra de vidrio sustituye a la era del cartón-piedra– y su arma más poderosa no la lleva colgada de la cintura –vale, otro chiste fácil–, sino más abajo: sus piernas. Salir por patas es la especialidad de Indy, aunque a veces no le quede otra en determinadas situaciones –el plano en que corre frente a una manada de indios como precedente de “Parque Jurásico” (1993) y otras copias menos originales, “Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto” (2006)–. La estructura de la película, pues, no se acomoda a lo convencional. Introduce al aventurero en una escena de máxima tensión para después relajar el ritmo con su faceta de soporífero profesor y largas conversaciones entre esqueletos y pizarras. Cualquier otro habría apostado por el factor sorpresa, hacer que el espectador se preguntase qué tiene de interesante un doctor universitario hasta que, magia potagia, se revela su lado explorador. La apuesta del guión de Lawrence Kasdan, aparte de constituir un soplo de aire fresco, obliga al público a encontrar interesantes esas escenas que, de la otra manera, habrían perdido enseguida la atención.

Sin deshincharse, en pocos minutos se introduce al personaje y las señas de identidad: las amenazas arqueológicas –siempre hay trampas en los lugares que visita– o animales –empezando por tarántulas para obviar la fobia de Indy y que parezca más impasible– y los mapas que sirven de nexo entre cambios de escena. ¿Falta algo? Claro, la chica. Marion Ravenwood (Karen Allen) tampoco tiene una presentación típica: un concurso de chupitos en un garito perdido del Nepal y que ella gana frente a un orondo nativo. Este truco, además, le servirá para salvar el pellejo en una escena posterior. Casi al mismo tiempo aparece el silencioso enemigo: Toht –Ronald Lacey, aunque se barajó a Klaus Kinski–, un nazi de aspecto y gritos histéricos muy similar al Christopher Lloyd de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” (1988), incluso en su forma de descomponerse. Para nazi original, el mono, adiestrado para imitar el saludo fascista aunque en principio parezca la adorable mascota de Sallah (John Rhys-Davies), papel que Spielberg había reservado a Danny DeVito. Si el director comparaba a Indy con Humphrey Bogart, a Marion con Irene Dunne y Carole Lombard, y a Toht con Edward G. Robinson, “En busca del arca perdida” podría ser la versión mamporrera de “Cayo Largo” (1948), sobre todo en la ya mencionada escena del bar nepalí.

Aún así, la película no necesita referencias de nombres prestigiosos para demostrar su humor, suspense y encanto. La estrategia de Indy malherido para conseguir un beso de Marion, el transporte de ésta en cesto, la sobada anécdota del disparo que Indiana propina a un beduino porque Harrison Ford padecía gastrointeritis y quería acabar cuanto antes la escena, los no menos míticos homenajes a “La diligencia” (1939) y el final a “Ciudadano Kane” (1941), el cara a cara de Indy y una cobra –separados por un cristal de precaución–, los espectros del arca –muñecos grabados bajo el agua–, y algunos detalles gore que ríete tú de “El templo maldito” (1984). Al igual que la música de John Williams, las piezas se van uniendo hasta su apogeo, sin defraudar la expectativa. Fórmula que, de desgastarse, lo haría sólo por culpa del personaje, una de cuyas frases en esta primera entrega podría hacerse extensible a los achaques de su regreso: «Son los años… Es el rodaje».
Artículos relacionados:
En las imágenes: En primer y segundo lugar, fotografía de rodaje y detalle de “Indiana Jones: Cómo se hizo la trilogía” - Copyright © 2003 Lucasfilm Ltd. y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. En las siguientes, fotogramas de “En busca del arca perdida” - Copyright © 1981 Lucasfilm Ltd. y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.
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Lunes 24 Diciembre 2007
Como si no tuvieran poco en inmiscuirse el resto del año en los planes ociosos de la población estadounidense, las majors de la Era Dorada aprovechaban su mejor material para felicitar las fiestas. Porque sus actores y actrices en nómina estaban sujetos a la misma disponibilidad que un árbol de plástico o unas luces intermitentes: por ejemplo, la pobre Vera Ellen (en la foto) luciendo piernas con un ridículo traje de asistenta de Santa Claus y otros complementos sobrantes del stuff de cualquier producción de la época –y menos mal que allí no gastan zambomba–. Una forma –un tanto degradante, pero forma al fin y al cabo– de mostrar las nuevas adquisiciones de cara al año que comienza, aunque muchas de estas estrellitas se quedasen en eso, adornos en la copa de un abeto esquinado en el sótano de algún plató. Al gran estudio le convenía ofrecer su imagen más familiar, buenrollista y acogedora a través de los rostros guapos que más dinero habían recolectado a lo largo del año.
Colocando espumillón, asomándose a coronas de muérdago, posando junto a renos de pega o simulando volar en trineo, con fondo nevado o ambiente casero, en solitario, pareja ideal o familia perfecta… Una estampa fotográfica que parecía recordar al público los miles –bueno, quizá centenas… o decenas– de momentos impagables frente a la pantalla, como si Gene Kelly o Carole Lombard se acordasen de nosotros y hombre, ya está aquí, ya ha llegado la postal de tito Gene. Ahora ninguna productora puede imaginar composiciones tan coquetas en las páginas del “Variety”, porque sus estrellas –que tal vez lo han sido en una película para después rodar tres con otras cinco empresas– ya copan las restantes entre carteles promocionales, campaña pre-Oscar®, anuncios de perfumes y mensajes solidarios. Lo que faltaba: después de habernos vendido la entrada, el champán, el reloj y el café también se cuela George Clooney en nuestra Nochebuena privada. Aunque, pensándolo bien, tampoco es tan mala idea…
En la imagen: Fotografía promocional de Vera Ellen - Copyright © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados.
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Comentarios |
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amande, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
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La verdad es
que a mi tampoco me gustó. Esperaba algo más
original, fresco y divertido. Muy francesa
pero le falta la frescura de estrenos del
año como Bienvenidos al norte o La clase…
>>
Antonio, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Me haceis
gracia todos los criticos,solo sabeis
insultar y despreciar a los directores de
acción americano,y más a michael bay,parece
q teneis invidia de que trinunfe en taquilla
una pelicula entretenida…
>>
Je, en
"La última casa a la izquierda": Padres
coraje
Ganas tenia
de verla y al ponerle tu esta puntuación aún
más xD
tONI, en
"LOL (Laughing out loud)®": Generación
Messenger
La verdad
esque me decepciono mucho, no la recomiendo
a no ser que querais aburriros en el cine
octavius, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
yo me
esperaba lo mismo ke la 1º parte, ke me
gusto, pero con mas explosiones y e salido
decepcionado.las escenas de accion son
mejores pero al argumento mas flojo ke el de
la 1º parte
capandres, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
pero eso sí,
todo el mundo a verla y a decir, que buena
película...
kuai, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
Cuando Bay se autoparodia
Al margen de que la peli me parece un bodrio
increible, hasta el punto de que algunos
pasajes me dan vergüenza ajena, nunca
entendere cuando alguien dice que se lo ha
pasado en grande con una...
>>
Albert, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
En este caso
no a sido buena ni la primera, que fue para
olvidar
tuspa, en
"Millennium 1: Los hombres que no amaban a
las mujeres". Encefalograma plano
me ha gustado
y mucho. tiene varios aspectos que hacen que
sea interesante. Lo de los criticos no lo he
entendido ni lo entendere nunca, siempre
contracorriente; eso parece que les va bien...
>>
Francisco, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
Esta segunda
entrega me ha parecido mucho más forzada,
confusa, e infantil que la primera. Deja
muchísimas cosas sin explicar, los diálogos
son bastante tontorrones, muchos
transformers...
>>
Kooler, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
¿Dónde está el guión?
Desgraciadamente, el bueno de Michael Bay
está sufriendo de Shyamalanitis. Sí, el
síndrome de “hago lo que me sale porque soy
el gran director y algún dia se darán
cuenta”. Por eso espero, y...
>>
Montse, en
"Te quiero, tío": Muy banal pero entretenida
Uf, la verdad
es que el título de la película sonaba
fatal. No me esperaba que podía “aprobar”.
Con ese titulo me costaba creer que podía
haber buenas interpretaciones y que la peli
hasta resulte...
>>
jose, en
"Transformers: La venganza de los caídos".
La ira de Bay
fue una muy
buena película de entretenimiento, sobre lo
que dicen del argumento no es cierto,
simplemente es una película de ciencia
ficción, en este género el argumento gira en
torno a una idea...
>> |
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