Si hay un género que de verdad sufre las inclemencias del paso del tiempo –toda una contradicción cuanto intenta adelantarse al futuro–, ése es la ciencia ficción. Lo cual no representa ni mucho menos una catástrofe evolucionista. Acostumbrados a nuestros delicados F/X –veremos qué nos parecen en pocos años–, ahora no observamos demasiada diferencia entre una superproducción de gran estudio y una película casera de Ed Wood –bueno, un poquito sí, pero la risión y la fascinación son las mismas–. En la primera categoría disponemos de joyas tan reivindicables como “Planeta prohibido” (1956), obra de un director tan escueto e impersonal como Fred M. Wilcox, de modo que la cinta enfatiza sus virtudes en relación al auge del género durante aquella maravillosa década. Aunque menos obvia sociológica y culturalmente que sus compatriotas –la era McCarthy y la guerra fría–, el punto de partida daba la vuelta a la situación acostumbrada: esta vez eran los humanos quienes, a bordo del típico platillo volante plateado y pulido, interrumpían la paz de un planeta cualquiera.
Una ruda caterva de tripulantes en pijamas grises que, ¡albricias!, encontraban las maravillas de un clima cálido, un único habitante, Morbius (Walter Pidgeon), capaz de duplicar el coeficiente intelectual de un hombre, su robot servil y su no menos solícita hija, Alta (Anne Francis). El planeta de cielos verdes y dos lunas despide el extraño encanto de la naturaleza –lagos, vegetación escasa y animales exóticos– unida a la ¿máxima? tecnología humana. Una fusión que se hace patente en el personaje de Robby el robot, animado por la misma movilidad que una persona y dotado de un comportamiento apático y mecánico. Su presencia en la historia, bastante secundaria, le reportó una popularidad instantánea, traducida en otros productos audiovisuales y en copieteos posteriores –junto con “Metrópolis” (1927) y “Naves misteriosas” (1971), referente para los androides de George Lucas–. Pero, por muy atractivos que fuesen los ficticios adelantos técnicos, al público le atraían más que un imán los atractivos de carne y hueso. Algo parecido a lo que sufrían los comandantes de la nave ante Alta, una pin-up del espacio, dispuesta al coqueteo, el abrazo, el beso y la refocilación –por ese orden y con escasos segundos de diferencia– tras años y años de soledad casta y minifaldas sin más espectador que su padre –no, el guión aparca cualquier insinuación inmoral–.
Eso para los caballeros; para las damas –y la rápida rendición amorosa de Alta, que a saber tú cómo diferencia lo que es enamorarse a primera vista si es lo primero que ve– la cabeza pensante y los músculos bien torneados que capitanean la acción son los de… ¡Leslie Nielsen! Con expresión aún más insondable que la de Robby, el bueno de Nielsen ofrecía horas de cachondeo antes de la saga “¡Agárralo como puedas!” (1988), aunque justo es reconocerle una rotundidad absoluta al decretar la enseñanza última de la película. Dichos así, estos argumentos no la defenderían ante el tribunal más exigente, si bien quizá no entendería la herencia pulp del conjunto, que consigue alejarse de las interpretaciones políticas tan dadas en su contexto. Sus previsiones formales, su falta de grandilocuencia –también actoral– y el justo balance entre comedia y thriller terrorífico –hasta que unos torpes dibujos animados nos revelan al monstruo– bastan para volver a estimar un género que no pretendía el hiperrealismo y sí dar vida a las fantasías de un medio con derecho a juguetear. Por lo menos el valor de unas películas que se mueven sin concreción entre ser muy malas o muy buenas, ancladas en un tiempo pretérito mientras imaginan un futuro que pronto ya habrá pasado.
En las imágenes: Fotogramas de “Planeta prohibido” – Copyright © 1956 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados.
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La verdad es que en lo del traje tienes toda la razón del mundo, hoy en día queda un tanto… ridículo. Sin embargo, el resto de efectos especiales aguantan bastante bien el paso de los años. En cuanto al “remake”, buf, ya me lo veo venir: Klaatu viene a alertarnos del calentamiento global
“Cuando los mundos chocan” me parece una obra notable, aunque, por supuesto, inferior a “Ultimátum a la Tierra”, que bajo mi punto de vista es sobresaliente. Por cierto, ¡estoy deseando que en un futuro escribas otro “post” de clásicas cintas de ciencia-ficción!
¡Por supuesto Joaquín! XD Yo, al menos, hablaba desde el punto de vista de los efectos especiales. “Ultimátum a la Tierra” tiene una profundidad discursiva más eficaz que otras películas parecidas y que me resultan más pretenciosas, como “Cuando los mundos chocan”. Por eso soy bastante escéptica ante el ‘remake’ que se está fraguando, más aún con Keanu Reeves y un director empeñado en meter la mano donde no hace falta, como “Los pájaros”. En fins.
Ah, no, por lo de “Ultimátum a la Tierra” no paso. ¡Es una obra maestra! XD Lo del disfraz del automáta fue un problema para los responsables del filme, cierto, pero eso es una nimiedad si tenemos en cuenta todas sus bondades:
-Al contrario de las invasiones hostiles de la época, aquí se nos muestra a un extraterrestre de aspecto humano que advierte a la humanidad de que no sólo es un peligro para su propio planeta, sino también para otros.
-La llegada de la nave me encanta, sobre todo la tensión existente hasta que se abre la compuerta y, posteriormente, aparece Gort.
-Los momentos más intimistas también me encantan, como cuando desayunan en la pensión o el extraterrestre visita con el niño el cementerio.
-La interrumpción de la corriente eléctrica, ¡genial!
-Helen y la mítica frase de “Klaatu Barada Nikto”
-La puesta en escena de Robert Wise, la banda sonora de Herrmann y la magistral fotografía en blanco y negro (Klaatu apareciendo en la pensión).
En fin, me dejó impresionado de crío y, todavía hoy, no me canso de verla. Ay, menudo rollo os he metido, pero, lo siento, ¡adoro “Ultimátum a la Tierra”!
Jaja, es mejor revisar estas cosas con la suficiente distancia y comprendiendo que ya no nos provocan sus intenciones originales -¿asustar, asombrar?-. Yo a “El increíble hombre menguante” no la encuadraría aquí, porque no es una cinta acerca del espacio exterior, sino de amenazas internas y tangibles en la época: la energía nuclear. Eso sí, redonda y maravillosa. Y lo de “Ultimátum a la tierra” es cierto XD Nunca he visto nada más ridículo -y entrañable- que un extraterrestre que se dice de metal sólido al que se le arruga el traje con cada paso.
Pero el caso es que, a mí, “Planeta prohibido” siempre me ha parecido deliciosa, y creo que ha aguantado mejor el paso del tiempo que otras cintas más respetadas unánimemente (caso “Ultimatum a la Tierra”).
Eso sí, lo de revisar las películas que nos dejaron con la boca abierta en cuestión de efectos debería estar prohibido: aún recuerdo la cara de alucine que se me quedó cuando, el año pasado, volví a ver “Gremlins”…
Un abrazo y ¡feliz año!
Completamente de acuerdo con lo que dice Manuel, si bien considero que “El increíble hombre menguante” poseía unos efectos especiales realmente llamativos, aunque es cierto que la grandeza de la película está en su historia y el paso de los años le ha resultado más benigno que a “Planeta prohibido” (que, en todo caso, no deja de ser un estupendo divertimento).
Como de costumbre, excelente reseña, compa Almudena, de éstas que invitan a echarle una mirada al film en cuestión (desde luego, no lo conozco…). Eso sí, no quería dejar pasar por alto, acerca del punto de la obsolescencia de estos films fantacientíficos de los 50, que algunos de ellos (precisamente, aquellos que menos basaban su atractivo en el aspecto FX) sí que siguen resultando a día de hoy altamente fascinantes y tremendamente “modernos”: casos, por ejemplo, de El increíble hombre menguante (reestrenada en pantalla grande no ha muchos años…), o de La invasión de los ladrones de cuerpos (recientemente reversionada por Petersen, si mal no recuerdo…). Pequeñas joyitas, creo…
Un abrazo.
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