La semana pasada se celebraba en la Academia de Cine un homenaje a Luis G. Berlanga, inaugurado con la popular cancioncilla de “¡Bienvenido, Míster Marshall!” (1953), cuyo 55 aniversario celebramos este año. No sé si era la mejor opción para loar a la película y parece un tanto irónico que se conmemorase tan espléndida obra con el himno de su propio desencanto. En cualquier caso, lo que no entraba en discusión era el motivo en sí: los aplausos contundentes a un cineasta que supo imprimir personalidad a los bozales de la posguerra y a la trémula cinematografía española. No pudo asistir, porque Míster Cagada está mayor y achacoso, pero su filmografía es suficiente testimonio del humor negro y el pesimismo que siempre le han dado un carácter ambivalente. Cuando hace tiempo tuve la oportunidad de escucharlo en persona, me pareció frágil y derrotista, pero armado por una lucidez despreocupada, tendente a la autocrítica, que hacían inevitables esas posturas ante la vida.
Y también ante su cine, cuyo visionado rehúye y en el que entremezcla anécdotas con medias verdades para construir al mito y al personaje antes que al director accesible. Sólo por “Plácido” (1961) –véanla estas navidades antes de “¡Qué bello es vivir!” (1946), no se les vayan a amargar las fiestas–, “El verdugo”, el susodicho Marshall, “La escopeta nacional” (1978), “Novio a la vista” (1954) o “Esa pareja feliz” (1953) se merece todos los abrazos que impediría su mal genio. Habría que agradecerles también a Rafael Azcona y al difunto Juan Antonio Bardem, artífices de unos guiones que nos colocaban la vida en plano secuencia y la sordidez e hipocresía en plano detalle. Un cine que se nos va, o ya se nos fue, pero que debemos retener como yo retuve el apretón de manos del señor Berlanga, quien me despidió con un guiño en el que brillaba la idea de que nada, ni él ni su cine, debe tomarse demasiado en serio.
En la imagen: Fotograma de “¡Bienvenido, Míster Marshall!” – Copyright © 1953 Unión Industrial Cinematográfica (UNINCI). Todos los derechos reservados.
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Que se pare el mundo: Ha muerto Rafael Azcona…
Y España se ha quedado sin uno de los grandes guionistas, si no el mejor, de su Historia. ¿Qué se puede decir, acaso, de un señor que empezó en esto del cine en los 60 colaborando con otros dos magníficos como Marco Ferreri y Luis García Berlang…
Entrañable reseña, compa Almudena: dejas traslucir con claridad que le tienes aprecio al viejo ogro cachondón. Todo un tipo, sí, señor. Y responsable de una colección de películas verdaderamente impagable, un lujo que, posiblemente, y como tantas veces nos suele pasar (en este país y en otros, qué leches…), no sabremos reconocer hasta que él ya no esté para recibir lo parabienes que le corresponden. Una pena…
Saludos.
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